14 de junio de 2012

Verde que te quiero, Londres



Fotos: C.F. 

Mark Ridsdill Smith quería cultivar como casi todo el mundo: horizontalmente. A falta de espacio en casa, pidió que le cedieran un terrenito público en el noroeste de Londres, pero le dijeron que tendría que esperar 40 años hasta que quedara un "allotment" vacío. Así que decidió empezar por el balcón y por las ventanas, y seguir luego por las parades y por los voladizos, hasta completar una auténtica granja vertical, capaz de producir el equivalente a 1.200 euros en el cesto de la compra en un año...
"Imagina que todos fuéramos capaces de cultivar del 5% al 15% de nuestra comida en casa. No parece mucho, pero el impacto sería tremendo. Ahorraríamos mucho dinero y comeríamos más fresco y sano. La ciudad se llenaría de vergeles comestibles en los lugares más insospechados. Se crearían increíbles conexiones con la naturaleza y entre la gente".
Hace siete meses que Mark cambió su huerta colgante de Hampstead por la campiña inglesa. Pero la ciudad le sigue reclamando a lo lejos, y es precisamente ahora cuando empieza a recoger la semilla con su curso itinerante y práctico: "El arte de cultivar en los pequeños espacios".
   










 Los vergeles verticales de Mark Ridsdill Smith han sido uno de los grandes reclamos de la Green Fair de Londres, que acaba de cumplir 20 años. Tras una semana de lluvia casi incesante, el sol acudió a su cita con las últimas tendencias verdes en el espléndido Regents Park, rivalizando con los 208 jardines privados que abrieron sus puertas al común de los mortales en la intrincada geografía londinense.
De Brixton, al sur, vinieron Carina Milltson y Rowena Ganguli. Las dos crearon en el 2009 The London Orchard Project, con la misión de llenar la ciudad de árboles frutales. "Desde los años 50, más del 60% de nuestros árboles han sucumbido bajo la presión urbana o bajo la fruta importada a precios baratos", recuerdan Carina y Rowena. "Nuestra idea es avanzar ahora hacia la autosuficiencia de futas, llenando la ciudad de manzanos, perales y ciruelos, y creando grupos de voluntarios capaces de recolectarlas y aprevecharlas al máximo, en su forma natural, secándolas o como zumo, mermeladas y compotas que se pueden consumir todo el años".
 De Crouch End, al norte de Londres, llegan los agricultores urbanos de Food From the Sky, que acondicionaron la cubierta del supermercado Thornton's Budgens para convertirlo en el más frondoso tejado comestible de Londres. Todos los viernes, puntualmente, desciende la "cosecha del cielo" hasta el suelo de la tienda, diez metros más abajo. La biodinámica y la permacultura son los principios que inspiran a este grupo que está creando escuela en los barrios británicos.
Los permacultores de Londres, tendiendo redes con los grupos de Transición y con los Increíbles-Comestibles, celebran por cierto su propio festival el 21 de julio. Hasta Regents Park se trajeron estos días un avance, con cursos dedicados especialmente a los niños (Children Permaculture Collective), a la "reforestación" de las ciudades, a la ecología profunda y a la emprendiduría verde.
 Desde Saffron Walden vinieron los Herbal Haven, con sus 150 variedades de hierbas comestibles y medicinales. Y desde Redfield, los miembros de Lili, más de tres décadas predicando la vida de "bajo impacto". Los aficionados a las dos ruedas tuvieron su propia feria de la bici eléctrica, aunque los ciclistas de toda la vida prefirieron darle a los pedales en los dos escenarios de alimentados con "energía humana" y en los que actuaron entre otros las Colibrís de Liverpool, los jazzeros Sunshine Kings y los afrocolomianos Pollito Boogaloo.
Carlos Fresneda - Londres




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