20 de mayo de 2012

Trabajar menos, trabajar todos



  • Michael Harris, del NEF, abandera el movimiento por la reducción de jornada
  • 'Vivimos una nueva realidad y hay que probar con fórmulas nuevas'
  • El paro se está convirtiendo en un problema crónico, afirma
  • 'Ahora se manifiesta una tendencia que lleva gestándose más de 30 años'
A sus 40 años, Michael Harris está a punto de experimentar en su piel todo lo que lleva predicando durante los últimos meses: la jornada laboral de 21 horas semanales.
"Voy a ganar menos y tendré que hacer pequeños ajustes, pero no tengo una familia que dependa de mí y puedo permitírmelo. Trabajaré tres días a la semana, posiblemente seré más productivo y creativo. Y tendré por fin tiempo para cultivar las relaciones, conocer nuevos sitios, vivir con menos estrés".
Michael Harris, del NEF. | Foto: C.F.
Michael Harris, del NEF. | Foto: C.F.

Pero la reducción voluntaria de su jornada es algo más que una decisión "personal". Después de estudiar a fondo el asunto para la New Economics Foundation (NEF), Michael está convencido de que la solución contra el desempleo pasa necesariamente por quienes aún tenemos trabajo y podemos "compatirlo". 'Trabajar menos, trabajar todos'. La vieja reivindicación sindical cobra nueva vida en medio de la crisis económica. Frente al lema 'Trabajar más, ganar más' con el que Sarkozy fustigó la semana laboral de 35 horas en Francia, el NEF ha decidido navegar contra la corriente en plena crisis y poner en el horizonte la meta utópica de las 21 horas.
"No es un número arbitrario, se trata exactamente de las horas semanales que pasan en el trabajo los británicos si incluimos a quienes tienen empleo, los que están en paro y los que están considerados como 'económicamente inactivos'", explica Harris. "El 21 es un objetivo más o menos difuso, que se puede alcanzar reduciendo la jornada, trabajando a tiempo parcial, compartiendo empleo o distribuyendo las horas a lo largo de un año".
Frente al fallido experimento francés -"demasiado corto de miras y con un gran impacto a corto plazo"-, Harris reivindica el modelo holandés, en el que el Gobierno predicó sin imposiciones y con el ejemplo. El experto de empleo del NEF nos remite a las palabras de la socióloga norteamericana Juliet Schor en el reciente encuentro -'About Time'- celebrado en la London School of Economics.
"Consideremos la 'hoja de ruta' holandesa. Desde los años ochenta, todos los nuevos funcionarios trabajan cuatro días a la semana por el 80% del sueldo. El Estado fue así capaz de generar cinco empleos donde antes había cuatro. Con el tiempo, el sector financiero adoptó el mismo sistema, y la jornada reducida acabó extendiéndose por toda la fuerza laboral. En Holanda existe hoy por hoy un mercado laboral que permite realmente la flexibilidad para el trabajador". Michael Harris recuerda cómo en los países donde la jornada laboral es más reducida -como Holanda y Alemania- los trabajadores han sufrido menos el impacto de la crisis por una sencilla razón: "El empleo está mejor distribuido".
El "sobretrabajo" y el desempleo son, en su opinión, las dos caras de la misma moneda, la doble expresión de la creciente desigualdad social y económica: "Y mientras sigamos atrapados en la misma dinámica, no va haber salida posible. Esta crisis va para largo y el paro se está convirtiendo en un problema crónico", insiste.

¿Y las familias que necesitan dos sueldos para llegar a fin de mes? "El coste de la vida tiene que bajar necesariamente", responde Harris. "El precio actual de la vivienda, del transporte o del cuidado de los niños es una soga para las familias. Es cierto que bajar el tren de vida puede en muchos casos no ser suficiente. La meta de las 21 horas tiene que entenderse como parte de una transición económica, social y ambiental que puede tardar una o dos décadas en gestarse. Está claro que vivimos en una nueva realidad, y que hay que probar con fórmulas nuevas". "Los jóvenes están dispuestos a experimentar con opciones más flexibles de trabajo", apunta el experto del NEF. "En la situación actual, ¿quién no se daría por contento con trabajar tres días a la semana? Pero las leyes no ayudan, siguen penalizando al trabajador a tiempo parcial, que también pierde gran parte de los beneficios. Y las empresas no se abren, ni reciben los suficientes incentivos".


"Los jóvenes son quienes más lo están pagando", reconoce Harris. "Es intolerable que uno de cada dos jóvenes en España no pueda trabajar, y la situación se está agravando cada vez más en el Reino Unido. Lo que los jóvenes necesitan son opciones de trabajo. Necesitamos fórmulas para que se abra la espita del mercado laboral, programas que permitan que los trabajadores de más de 50 años compartan su experiencia y parte de su 'tiempo' laboral con los recién llegados".



"Lo que estamos viendo ahora es la manifestación de una tendencia que lleva más de treinta años gestándose", asegura Harris. "La aspiración a encontrar un empleo estable en una gran compañía pertenece a la era industrial que ya quedó atrás. La revolución tecnológica ha traído un aumento de la productividad que, lamentablemente, no se ha traducido en la reducción de la jornada laboral que predijo Keynes en su día. El resultado es lo que tenemos ahora: una parte de la población trabaja 40, 50 o 60 horas semanales; otra parte no tiene empleo o trabaja en condiciones muy precarias".

Enlace al informe en castellano
Carlos Fresneda (Corresponsal Londres) Publicado en El Mundo.es

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