18 de diciembre de 2011

La economía cocainómana


 
                     Fotos: C.F.

En una de las calles más “nobles” de distrito financiero de Londres, Lombard Street, se esconde también uno de sus secretos mejor guardados: City Beacon. Allí no acude uno a buscar consejo sobre cómo o dónde invertir, o sobre cómo capear el temporal económico en estos tiempos inciertos.

Allí se va pidiendo -suplicando casi- una “receta” para salir del “agujero” vital y personal al que arrastra la cocaína.
Desde el suicidio del alto ejectivo del HSBC Christen Shnor (en plena debacle financiera del 2008) a la detención en el 2011 del “trader” Kweku Abodoli (por defraudar 1.456 millones de euros en operaciones de alto riesgo para el banco suizo UBS), los titulares asociados con el uso y abuso de la cocaína han sacudido sospechosa y periódicamente la City.

Habitualmente se citan el estrés, la presión y la fatiga como los factores que llevan a los “brokers” y a los “traders” al galope desbocado de la coca. La droga se interpreta siempre como la consecuencia y nunca como la causa. Faltan estudios que indaguen en la estrecha conexión entre los “hábitos” particulares del mundo de las finanzas y el comportamiento general de una economía atizada con la fusta de la farlopa.


   
Aumento de la autoestima. Confianza en el poder de uno mismo. Excesiva excitación. Terrible irratibilidad. Compulsión progesiva. Insomnio crónico. Intensas depresiones.  Psicosis paranoica…
Los síntomas del adicto a la coca podrían aplicarse pefectamente al “subidón” que experimentó la economía antes de la demoledora caída del 2008. Desde entonces, la hemos tenido en “rehabilitación”, y ahora parece que estamos en la “recaída”. Todo hace pensar que en el 2012 nos tocará la “cura de realidad”: no habrá salida posible hasta que todos reconozcamos nuestro papel en esta adicción colectiva.

Datos que avalan nuestra tesis: del 2003 al 2008 aumentó el consumo coca un 50% en el Reino Unido, lo que convierte a los británicos en los primeros consumidores per cápita del mundo occidental en vísperas de la gran batacazo. Aunque el consumo ha caído, curiosamente, coincidiendo con la ralentización de la economía: las muertes “accidentales” asociadas con la cocaína bajaron en la Gran Manzana de 478 en el 2006 a 274 en el 2010.

    
En City Beacon, a un paso del Banco de Inglaterra, los “especialistas” atienden simultáneamente a un centenar de banqueros y “traders”, entre los 25 y 40 años, tanto hombres como mujeres, unidos por el deseo desesperado de encontrar una salida. El cofundador Richard Kingdom reconoce al Evening Standard que la “espiral” de adictos  buscando tratamiento se ha acelerado precisamente con la creciente zozobra financiera.
    
En la City, hace apenas siete meses, detuvieron por cierto a un tal Anthony Alexander, al frente de uno de los clubs más reputados (Bar Nine) de “cocktails y cocaína”: la combinación letal que puede acabar por hundir la economía.



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