8 de diciembre de 2011

El esplendor del otoño en Kew Gardens


 
Fotos: C.F. 

Nada más propicio que un día de neblina para adentrarse en los misterios de Kew Gardens. Todo lo que tiene Londres de ciudad-jardín alcanza su máxima expresión en este vergel de 132 hectáreas, declarado Patrimonio de la Humanidad, donde aún es posible la inmersión total en este otoño tardío y deslumbrante.



 
La decadencia de los jardines botánicos deja aquí paso al máximo esplendor en cualquier momento del año, incluso en ese invierno acechante que extenderá pronto la sábana sobre este triángulo inaudito al sur del Támesis, lindando con la extensión salvaje de Richmond Park.
Aquí tenemos la oportunidad de hermanarnos a 18 metros de altura con los poderosos robles, de experimentar el murmullo centenario de las secuoyas gigantes, de sentir el bamboleo del bambú, y la punzada de todas las variedades inimaginables de acebos. Aquí podemos penetrar como gusanos hasta las raíces, o sentirnos como pájaros desde la incomparable pagoda, o volver a ser niños y trepar hasta las casas en los árboles.

Aunque habrá quienes prefieran el calor recorfortante de los invernaderos, el humillo de la gigantesca montaña de 10.000 metros cúbicos de compost, el viaje relámpago de 3.500 millones de años en la casa de la evolución o la visita al mayor banco de semillas del mundo...

      
Kew Gardens da para muchos viajes (por lo menos uno en cada estación), pero lo mejor es dejarse llevar por la intuición, como en cualquier otro lugar del laberíntico Londres, y estar preparados para todo lo que salga nuestro paso, desde el plumaje de un pavo real a la cornamenta de un ciervo.

Lo que empezó siendo un jardín real alrededor del Palacio de Kew (capricho de la princesa Augusta, allá por 1759) es ahora el espejo verde al que se mira esa pasión de los ingleses por la naturaleza, que corre (amarilla y marrón) por todos los rincones en esta época del año, como si se resistiera a quedar atrapada bajo las brumas en blanco y negro del invierno.
    
Otro día seguiremos la pista del zorro en los parques, visitaremos el Museo de los Jardines o haremos un recorrido por los paraísos “secretos” de Londres. Queda un año olímpicamente largo para surcar la ciudad-bosque con vocación de exploradores insaciables...

Carlos Fresneda, Londres
Publicado en Blogoterráqueo de El Mundo.es


2 comentarios:

FB de JLGarcia dijo...

Jose Luis Garcia Lorenzo: Qué parque más hermoso, qué buenos recuerdos me han traido estas fotos...llegué allí buscando la pasarela de John Pawson (Sackler Crossing), un prodigio de integración y belleza.

julio dijo...

Los bosques son los templos de la tierra, las catedrales lo intentaron imitar,.. pero no.
Gracias por la pagina.