15 de julio de 2011

La 'batalla' de la bombilla


La bombilla es ahora el símbolo de la 'resistencia' conservadora.

    La bombilla es ahora el símbolo de la 'resistencia' conservadora.
  • Los republicanos no consiguen sabotear la ley de eficiencia energética
  • La bombilla incandescente es el símbolo de la 'resistencia' conservadora
La bombilla incandescente, que ha evolucionado bien poco desde que la patentó Thomas Alva Edison en 1879, se ha convertido en el último e irrenunciable símbolo de los conservadores norteamericanos en su afán por dar marcha atrás en todo lo relacionado con la energía y el medio ambiente.

En el 2007, bajo los auspicios del ex presidente Bush y en medio de un clima político menos caldeado, republicanos y demócratas hicieron causa común y aprobaron la Ley de Seguridad e Independencia Energética, que exigía a los fabricantes incrementar gradualmente la eficiencia de las bombillas del 2012 al 2020.

Cuatro años después, los republicanos (espoleados por General Electric y otros fabricantes) se han rebelado contra la ley y se han erigido en defensores de la “libertad de los consumidores” frente a la injerencia del Gobierno.

El comentarista ultraconservador Glenn Beck se convirtió en uno de los más conspicuos detractores de cualquier medida de eficiencia energética. La congresista Michele Bachman -caricaturizada como la estatua de la Libertad con la bombilla en lugar del antorcha- ha decidido incluso abanderar el tema en su candidatura a las primarias republicanas, consciente de las pasiones que despierta entre la parroquia conservadora.

Los republicanos han llevado esta semana la cuestión al Congreso, pero han fracasado a la hora de lograr la mayoría necesaria de dos tercios para derogar la ley. Aun así, aseguran que la mayoría “simbólica” lograda el martes (233 votos frente a 193) les da fuerzas y argumentos para volver a intentarlo antes de la entrada en vigor de la ley.

Fracasos republicanos

Los republicanos están a oscuras”, asegura el portavoz demócrata en el Congreso, Steny Hoyer. “No hacen más que presentar leyes totalmente equivocadas como ésta, en vez de concentrarse en iniciativas para generar empleo. No ha sido una de las ideas más brillantes ésta de derogar la ley de las bombillas”.

El Gobierno no puede decidir lo que la gente debe o no debe comprar”, argumenta por su parte Myron Ebell, del grupo ultraconservador Freedom Action, que asegura defender los principios de “libre mercado”.

La ley del 2007 fue respaldada en su día por 37 congresistas republicanos, “bendecida” por el presidente Bush y celebrada incluso por el congresista de Michigan Fred Upton como “un decisión de sentido común que servirá para ahorrar energía y crear nuevos empleos en Estados Unidos”.

El propio Upton, al frente del Comité de Comercio y Energía de la Cámara de Representantes, ha decidido sin embargo alinearse ahora con la mayoría republicana: “La respuesta de la gente es así de clara: el mercado, y no el Gobierno, debe ser el motor de los avances tecnológicos”.

La Ley de Indepedencia y Seguridad Energética determina que las bombillas deberán ser entre un 25% y un 30% más eficientes en el 20124, y hasta un 60% en el 2020. El ahorro estimado sería el equivalente a 12.000 millones de dólares al año (unos 85 dólares por hogar). Al cabo de ocho años se calcula que la ley puede eliminar la necesidad de 33 centrales térmicas de carbón.

Los detractores señalan, sin embargo, que la ley es un “certificado de defunción” prematuro de las bombillas incadescentes, que siguen siendo mucho más baratas que las fluorescentes de “bajo consumo” y por supuesto que las bombillas LED de emisión de diodos.

Pese a las diferencias de precio, Kathleen Hogan, máxima reponsable de eficiencia en el Departamento de Energía, aseguró que el ahorro energético de las bombillas de “bajo consumo” es incuestionable. “Aunque haya que pagar más en el momento de comprar, las nuevas bombillas ahorrarán 50 dólares al año por hogar en el 2015”, declaró Hogan. “Los americanos ahorrarían seis mil millones de dólares al año con estas medidas”.

Carlos Fresneda | Nueva York
Publicado en El Mundo.es América

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