23 de julio de 2011

Cómo levantar el Empire State en 11 meses

Quizás la última crónica de Carlos desde Nueva York, desde la ventana de su casa taller y durante 15 años, el Empire State siempre ha estado allá, marcando referencias para él. Londres es el cercano destino, la otra Inglaterra bajo su pluma, será regalo para sus seguidores a partir de septiembre. Mucha fuerza Carlos.

 
Fotos: C.F.

No se sabe qué produce más vértigo, si el fulgurante ascenso hasta el piso 102 del Empire State o la escalofriante idea de pensar que el gigante fue construido en poco más de once meses, ante los ojos atónitos de millones de neoyorquinos que lo vieron crecer por encima de su hermano “pequeño”, el Chrysler Building, con quien libró una carrera inaudita hacia el cielo en medio de la Gran Depresión.
      
Ahora, a la altura del piso 80 y con motivo de su 80 cumpleaños, el Empire State nos invita a hacer una pausa... “¡Atrévete a soñar!” da título a la exposición que nos sumerge  en la construcción más trepidante en la historia del siglo XX, gracias al sudor de 3.400 trabajadores que fueron capaces de levantar hasta cuatro pisos por semana.
      
“Podrán construir más alto, pero difícilmente más rápido”, asegura Jean-Yves Ghazi, director del observatorio. “Durante más de cuarenta años, fue el rascacielos más alto del mundo, y por más que lo superen, no habrá otro edificio más icónico en el planeta. La conexión emocional con la ciudad sigue siendo instanténea… Nueva York es impensable sin el Empire State, y viceversa”.
     
Aquí tenemos las fotografías hasta ahora inéditas de la constucción, ocupando las ventanas del piso 80 como daguerrotipos en blanco y negro de otra época. Aquí vemos también los diarios de construcción, con casi 500 camiones dejando a diario su preciada carga de acero (57.000 toneladas), ladrillos (10 millones) o cables telefónicos (seis millones). También podemos apreciar el crecimiento del gigante, piso a piso, semana por semana...

    
“Nada se puede comparar con la vistas desde el observatorio, pero hemos querido que los cuatro millones de visitantes que vienen todos los años tengan una experiencia más intensa según se asciende”, afirma Jean-Yves Ghazi, deteniéndose ante la ventana en la que se ve a tres trabajadores desafiando el vértigo sobre la estructua de acero, a la alturadel piso 86. “Y hemos querido rendir también homenaje a la gente que hizo posible este prodigio”.
     
 Speed, Scale and Steel. Velocidad, Escala y Acero. Esas son la tres “eses” del Empire State, en esta singular exposición y concebida por Carol Willis, directora del Museo del Rascacielos. El desafío comienza el 7 de abril de 1930 y culmina el 31 de marzo de 1931, fulminando todos los récords y adelantándose incluso un mes a la inauguración oficial.

      
En una ventana contemplamos precisamente como se veía en su momento el Chrysler Building, humillado desde del nuevo “techo” del mundo (448,7 metros, incluidos el pináculo y la antena). Fue también el desquite personal del promotor John Jacob Raskob, el mismo que apenas dos años antes había lanzado un reto al arquitecto William Lamb, sosteniendo un lápiz de pie y con la punta hacia arriba: “¿Cómo lo puedes construir de alto sin que se caiga?”.
        
Ahora que la silueta difusa del futuro World Trade Center se levanta ya en la lejanía por encima de los setenta pisos, es el momento de reafirmar el poderío incomparable del Empire State -cohete o lápiz- a punto de completar su renovación de 550 millones de dólares.

      
Camino del piso 80 o del 102, conviene recrearse en los detalles del refulgente recibidor “art decó”  y hacer un alto en la segunda planta, donde asistimos a la recreación del nuevo coloso “verde”, capaz de ahorrar hasta el 38% del consumo eléctrico. Una a una, sus 6.514 ventanas han sido rellenadas con gas argón para mejorar el aislamiento. Barreras térmicas, sensores de ocupación, control directo digital del consumo... Los últimos avances de eficiencia energética han dado un aire “retrofuturista” al gigante, que hace apenas diez años parecía condenado a la eterna decadencia.
     
Desde 1931, el Empire State es una referencia del potencial humano para todo el mundo”, atestigua Tony Malkin, propietario y artífice del nuevo “despegue” del cohete. “A todos nos han contado la historia del edificio que se levantó en apenas un año, en la situación económica más desesperada y entre dos guerras devastadoras. Ahora tenemos la ocasión de convertirlo en el icono del mundo más sostenible y habitable que podemos construir entre todos”.

Carlos Fresneda, Nueva York

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