19 de febrero de 2011

"No podemos permitir que el coche mande en nuestras vidas"


  • El ex alcalde de Curitiba vislumbra la ciudad del futuro en Nueva York
  • 'Hace falta una revolución de la movilidad en la ciudades', dice
  • 'Con el coche hay que mantener una relación a larga distancia'
Erase un lugar llamado Curitiba. Una ciudad en la que las ovejas cortan el césped en los parques y los parques sirven para regular las inundaciones y las crecidas. Con amplias avenidas por donde circulan los autobuses más rápidos del planeta. Con sistemas innovadores para la recogida de la basura que la convierten en capital mundial del reciclaje. Con la mayor superficie peatonalizada de América urbana...

Curitiba existe, y eso es lo importante”, asegura el arquitecto Jaime Lerner, artífice de la prodigiosa transformación en los años setenta de la urbe brasileña, a medio camino entre Sao Paulo y Porto Alegre, ejemplo mundial de lo que puede y debe ser la vida en las ciudades. Con la experiencia acumulada a lo largo de doce años, el ex alcalde de Curitiba y autor de “Acupuntura Urbana” ha traído sus recetas hasta Nueva York, en la conferencia “The Ideas Economy” organizada por The Economist.
“Curitiba no es un modelo, pero sí una referencia”, admite Lerner en una entrevista con El Mundo. “Nuestro sistema de autobuses rápidos (BRT) que funcionan como un metro en superficie ha sido imitado en más de ochenta ciudades... La clave está en poner en marcha las ideas y demostrar que los cambios son posibles, pese a las resistencias iniciales”.

El mayor obstáculo, confiesa, ha sido siempre “la dependencia del coche”. En 1972 y en plena vorágine motorizada, el alcalde tuvo la idea de peatonalizar al Rua XV de Novembro y la osadía de hacerlo en 72 horas, pese a la insurrección de los comerciantes. Casi cuarenta años después, la “rua” es el corazón palpitante de la ciudad...

“No podemos dejar que el coche mande en nuestras vidas, aunque no tenemos que verlo necesariamente como nuestro enemigo”, advierte el urbanista. “El coche es en todo caso como la suegra: nos conviene mantener con él una relación a distancia”.

El coche 'Dock Dock' de Lerner.


“No podemos dejar que el coche mande en nuestras vidas, aunque no tenemos que verlo necesariamente como nuestro enemigo”, advierte el urbanista. “El coche es en todo caso como la suegra: nos conviene mantener con él una relación a distancia”.

El Dock Dock

A sus 73 años, y después de darle muchas vueltas, Jaime Lerner anda embarcado precisamente en la promoción de un coche diseñado por él mismo: el Dock Dock, un monoplaza eléctrico de 1,3 metros de largo y 60 centímetros de ancho que viaja a 20 kilómetros por hora y tiene la virtud de “acoplarse” con otros de su especie. Seis Dock Docks ensamblados ocupan lo que un coche convencional.
El prototipo ha sido presentado recientemente en una bienal de diseño en Francia y viaja estos días para su presentación en China... “Es el coche más pequeño del mundo. Se trata un vehículo de uso exclusivamente urbano y de uso compartido. Funcionaría como el sistema público de bicicletas de París, el Velib. Lo único que se pagaría sería un abono mensual o anual y la electricidad”.
“Tenemos que dejar atrás el falso dilema: el coche o el metro”, afirma Lerner. “La solución está en ser capaces de usar todo, pero de un modo inteligente. Lo que está claro es que hace falta una revolución de la movilidad en las ciudades, y por ese camino vamos. En pocos años, funcionaremos con una “tarjeta de movilidad” que nos valdrá igual para usar el autobús, el metro, la bicicleta o el coche compartido”.

 

La tortuga

El emblema de Lerner es la tortuga, pero no precisamente por su lentitud, “sino porque es capaz de vivir, trabajar y moverse al mismo tiempo... Si a la tortuga la separamos de su caparazón, se muere. Lo mismo ocurre con la ciudad cuando separamos las funciones. A eso de vivir en un lado, trabajar en otro y divertirse en otro lo han llamado el “sueño americano”, cuando en realidad se trata de una aberración”.

La ciudad del futuro, según el ex alcalde de Curitiba, no será muy distinta –por poner un ejemplo- del Nueva York de hoy en día... “Cambiará la movilidad, se integrarán cada vez más las comunicaciones, pero seguiremos viviendo en núcleos urbanos de alta densidad. La ciudad es siempre la solución y nunca el problema”.

El 75% de las emisiones de CO2 proviene de los núcleos urbanos, y Lerner ve también necesaria la adaptación y el reverdecimiento de desde dentro, siguiendo la pauta marcada precisamente hace tres décadas por Curitiba. La gestión de los residuos en un mundo superpoblado y con los recursos más escasos también será decisiva, y de nuevo su ciudad del alma marca el camino, con su sistema innovador para implicar a los ciudadanos a través de cooperativas “ecociudadanas” e incentivos para el reciclaje.

Creatividad, sostenibilidad y solidaridad”... Es la fórmula mágica que, según Lerner, debería regir la vida en las ciudades, donde nos concentramos ya más de la mitad de los habitantes del planeta.


Carlos Fresneda, Nueva York

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