9 de febrero de 2011

"Apagón" en Times Square




Cuesta mucho imaginar la plaza Tahrir de El Cairo sin el hervidero diario de egipcios pidiendo libertad. Pero cuesta casi más visualizar Times Square “liberada” de los anuncios y los neones arracimados en los rascacielos.

Times Square -por si alguno no recuerda “Cowboy de Medianoche”- era hace 40 años el gran prostíbulo de Nueva York, surcado a todas las horas por chulos y camellos, por “strippers” y pajilleras dispuestas a interpretar en vivo “Garganta Profunda” en las últimas filas de los cines X.

La gran mutación empezó a gestarse en los años ochenta, cuando el alcalde Edward Koch prometió “rejuvenecer” la Plaza del Tiempo derribando los teatros decadentes y sustituyéndolos por torres de cristal. La última puntilla la puso Rudolph Giuliani a finales de los noventa: guerra sin cuartel a los tugurios del vicio, en el nombre de la “tolerancia cero”.

     
Poco a poco, aquello se fue convirtiendo en Disney York. O en una versión descafeinada de Las Vegas, con la marabunta mareante de turistas hipnotizados por los neones como si fueran las tragaperras. La serpiente amarilla de los taxis, estrangulando hasta el último centímetro de asfalto, ha sido siempre el eterno recuerdo de que aquello sigue siendo “New York, New York”, escenario de una función que espanta a los auténticos neoyorquinos.
      
Treinta años se cumplen ahora de la tan cacareada “remodelación” y el presidente de la Alianza de Times Square, Tim Tompkins desborda orgullo por los cuatro costados: “La ironía es que este lugar representa el compendio del capitalismo”... El luminoso azul de Nasdaq y el rojo chillón del Bank of America compiten cualquier día con los reclamos de Morgan Stanley,Condé Nast y Coca Cola. El letrero parpadeante de Lehman Brothers cayó por su propio peso, como amenaza también ahora con estrellarse el cartel de “Spiderman”...
      
La ley del mercado o la ley de la selva: todo es provisional en la Plaza del Tiempo.
      
Habrá quien diga que el paisaje urbano perdería su personalidad sin los neones y sin las vallas publicitarias (como hubo quien protestó por su cierre parcial al tráfico, alegando su condición de “encrucijada del mundo”). El caso es que Morgan Spurlock, el director de “Super Size Me”, ha decidido desafiar a los neoryorquinos imaginando lo impensable: una ciudad sin anuncios, empezando precisamente por el “apagón” de Time Square.


“No Ad: New York City” ofrece a cualquiera la posibilidad de eligir su lugar predilecto -o el más odiado- de Times Square y borrar los anuncios con la ayuda de un editor. “Coge el ratón y ponte manos a la obra”... Como si fuera un puzzle, cualquier ciudadano, visitante o “foráneo” puede emprender la laboriosa tarea de “liberar” la plaza de la invasión comercial cuadícula a cuadrícula, y alucinar seguramente con el resultado final.

“La idea se me ocurrió tras visitar Sao Paulo, donde la publicidad callejera está prohibida desde el 2007 como una forma de “contaminación visual””, asegura Spurlock. “¿Por qué no podemos hacer algo así en Estados Unidos? ¿Y por qué no empezar en Nueva York, aunque sea virtualmente?”.

La idea de Spurlock consiste simple y llanamente en la eliminación de cualquier vestigio de publicidad. Para llenar el inevitable vacío visual, el holandés Justus Bruns ha propuesto incluso la sustitución de los anuncios por arte. El proyecto “Art Square” fue lanzado hace seis meses y sigue ganando adeptos a través de Facebook y Twitter.

   

La todopoderosa Alianza de Times Square ha visto con buenos ojos la idea de Bruns y estudia la posibilidad de rellenar las vallas vacías con creaciones visuales. La artista de Brooklyn Molly Dilworth ha abierto entre tanto la brecha con “Cool Water, Hot Island”, refrescando el asfalto con el sinuoso azul del agua...

Hubo un tiempo, hace 400 años, en que Time Square era un estanque donde abrevaban los castores. Sólo falta que Pepe y Justin, los dos castores del Bronx, se sumen a la campaña y reclamen su lugar en una plaza cuajada de arte y sin anuncios.

 

Carlos Fresneda, Nueva York

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