5 de noviembre de 2010

DESDE PUERTO PRINCIPE

Estar aquí, en un lugar realmente especial, tiene que ver con labores de colaboración técnica con un chef de renombre que vibra con lo solidario vinculado a los fogones y a la comida, y a lo que esa alquimia ancestral produce, procesar alimentos para nutrir cuerpos. He acompañao durante unos días a José Andrés en su búsqueda del mejor lugar para instalar en Haití un espacio donde se prepare comida para ayudar al mundo desde su fundación recién cocinada, World Central Kitchen. En este caso, donde se desarrolle y experimente una enfoque actualizado desde la cocina colectiva eficiente y de alta responsabilidad con el medioambiente y la economía local. Un lugar donde enseñar a cocinar la sostenibilidad en un país que la necesita como el agua y como la necesitamos todos. Desde The Solar for Hope, esa iniciativa de voluntad popular, dos cocinas solares parabólicas y complementos viajaron como equipaje facturable para ser instaladas donde mejor procediera.

La vida energética desde los fogones anhelada por José Andrés en Haití pasa por el uso de tecnologías y combustibles idóneos para la autonomía energética de un pueblo al que llegan desde el exterior casi todos los recursos energéticos que utiliza, con gran dificultad. Pero también es exterior el sol de la fotosíntesis y de la foresta, el mismo sol que ayudará a las gentes de Haití a dar el salto al futuro, pero para eso queda, igual no mucho.

La foresta, que queda poca, y la poca que queda pasa a carbón vegetal demasiado rápido ya que es la fuente principal de las mayorías, es para la energía de lo pobres y desheredados, acicate para una desforestación que esta a punto de sesgar vidas porque escribo unas horas antes de que la antes tormenta tropical y ya huracán Tomas ponga patas arriba la débil situación de un pueblo dolido, y jodido por todos lados. Y es que Haití tiene una historia política moderna que da pena, tiene el dolor de un terremoto donde más duele, en el alma y cuerpos de la gente y tiene la epidemia del cólera que avanza imparable y ahora lo que faltaba, un huracán sobre quizás parte importante de los con techo de lona o plásticos. Si lo coges todo junto, aterra, y la palabra maldición se queda justa. Si te paseas por los entornos, ves un pueblo que quiere vivir en paz, muy posiblemente dispuesto a no abandonarse, si procesarse y salir de esas durezas que marca y rigen la pura supervivencia. Haití necesita todo, necesita casi nacer de nuevo y recibir lo mejor que los demás podamos aportar. Haití somos todos, por lo menos los que sienten que no hay lugar para que la familia humana global siga tan mal avenida.

Estos días, ha tocado inhalar en horas punta cuando nos trasladabamos con privilegio desde la inclinada Petion Ville hacia zonas de Puerto Príncipe, ida o vuelta, dosis demasiado cargadas de insano aire mezclado con partículas de la insalubre vida cotidiana y la combustión de hidrocarburos de una de las flotas más numerosas que he visto en mi vida de 4x4 y otros cacharros que con 20 años menos no los hubieran ni dejado entrar a una de nuestras habituales ITVs.


Todavía me pesan los pulmones, mientras escribo protegido del agua anunciadora de la nueva agresión de la naturaleza. Fuera las calles están llenas de los caretos aspirantes a presidente del país, quedan 3 semanas para votar al sustituto de Preval. La gente no lo tiene fácil para distinguir entre 19 candidatos, 2 mujeres. Los más fuertes desde los polos políticos de toda la historia barrerán con la condición de contentar a la comunidad internacional para que empiecen a llegar los recursos de la reconstrucción, para que comience el reparto del pastel. Por cierto, el Kinam, hotel de culto donde nos hemos hospedado, acoge a cooperantes, periodistas, negociantes y de vez en cuando, huele a mafia, que como en todos los lugares, debe estar tomando posiciones.

El otro día encuentro con Jorge, Jordi y la nueva compañera que gestionan los proyectos de la ong Cesal, que tanto nos apoyo cuando estuvimos aquí cargados de productos e ilusiones de esperanza solar, allá a los tres meses de la ruina telúrica. Nos cuentan los cambios y las dificultades cuando de la fase de superar la emergencia se pasa a la fase de la fustración y las tensiones de la gente local. Nos anuncian sus nuevas acciones de acompañamiento socioeducativo en zonas de barrios muy afectados por el terremoto. Nos hablan de cantinas escolares, y enseguida pensamos que en cada una un sistema de cocción eficiente, ya veremos con que tecnologías, pero uno por cada cole, por favor energético.


En las cercanías del orfanato y dentro de las instalaciones de la ong italiana  Fundación Francesca Rava, quedó depositada para pruebas y valoración, una olla express testada in situ y en desarrollo  bajo la asesoria técnica de Joé Andrés con la empresa española Fagor y una cocina alSol 1.4 con capacitación de un técnico del complejo de instalaciones que dejo tieso de contento a José Andrés, obrador mecanizado de pasta, el famoso horno de los 10 mil panes x día desde el momento siguiente al 12 de enero, el taller de reparación de vehículos y desde el mismo la fabricación de cientos de pupitres para las escuelas que cuidan y promueven, 27 en total.


Hoy tocaba el departamento de acciones sostenibles de la ONU qeu está preparando soluciones  contra el carbón vegetal, pero la alerta roja por el huracán que esta a punto de llegar no lo ha hecho posible, todos movilizados, porque la cosa es seria y quizás muy dura. El cólera con las inundaciones, avanzará su senda de muerte y los perdedores perderán la nada que les queda. Una pequeña cocina alSol K10 queda en custodia con los colegas de Cesal para la próxima estancia del chef.


Llueve, la previsión asusta, me voy a dormir, con el sentimiento de pedirle a las fuerzas de la Naturaleza que sean benévolas con los millones de haitianos que no tienen más que una tienda y cuatro cacharros, para protegerse de sus avatares.
Espero que mañana el Haití que nos conmueve, no aumente su intensidad. 

Manolo Vílchez

2 comentarios:

René Bijloo dijo...

ANIMOS !

Jordi Bach dijo...

Excelente crónica. Un abrazo de Jordi y los CESALES