30 de agosto de 2010

CLAROSCUROS DE NUEVA ORLEANS

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Jacques Morial se resistió a dejar Nueva Orleans. El hijo del primer alcalde negro de la ciudad (Ernest Morial) soportó la embestida del Katrina desde dentro y todo lo padecido en esos primeros días le dio fuerzas para salir a flote... “Si por algo se distingue esta ciudad es por la “resilencia” de su gente. Nueva Orleans ha vivido siempre en el límite y algo hay algo que nos une ante la adversidad, como si fuéramos una gran familia”.

Morial tiembla ahora cuando se confirman los episodios de violencia policial y milicias blancas tras el paso del huracán. El vertido de petróleo, asegura, ha reavivado las heridas y ha creado un estado de incertidumbre y ansiedad, justo cuando las piezas volvían a encajar.

“Pero si tuviera que elegir una palabra para definir el presente de Nueva Orleans sería ésta: esperanza”, asevera Morial, codirector de Instituto para la Justicia de Luisiana. “Hemos salido del lodo gracias al tremendo activismo y al trabajo infatigable de la gente, y a pesar de la ineptitud del Gobierno a todos los niveles”.

Cinco años después del Katrina, y a pesar de los claroscuros en el horizonte, el 70% de los vecinos de Nueva Orleans admite que la recuperación va por “buen camino (según un reciente sondeo de la Kaiser Family Foundation). El 20% de los 450.000 habitantes que llegó a tener la ciudad –en su mayoría negros y sin recuersos- no ha podido regresar, Hay más de 50.000 casas vacías, se han destruido más de 12.000 viviendas públicas y se ha multiplicado el número de “homeless” bajo los puentes.

Pero, pero la economía se ha reactivado a pesar de la recesión. La ciudad ha recibido un flujo de gente joven y ha recuperado su pulso musical. Nueve millones de turistas han vuelto este año al oreo de la redención de Nueva Orleans, consumada hace seis meses cuando los Saints ganaron la Superbowl (“una señal enviada del cielo” para muchos).

El primer alcalde blanco en décadas, Mitch Landrieu, ha prometido cerrar las heridas raciales y proyectar hacia el futuro la ciudad. “Aunque es de esperar que defienda los intereses de la minoría privilegiada”, puntualiza Jordan Flaherty, una voces más autocríticas de la ciudad, recordando a sus paisanos esa “diáspora” de 100.000 vecinos que aún no ha podido regresar: “Un buen alcalde no es suficiente. Lo que esta ciudad necesita es un líder a la altura y más ayuda federal, para que todos puedan volver a Nueva Orleans, incluida la gente sin recursos”.

A los ojos del visitante, la ciudad es un hervidero de proyectos: desde las casas ecológicas de Brad Pitt y Make It Right en el castigado Noveno Distrito Bajo al auditorio de Wynton Marsalis junto a la Ciudad de los Músicos de Habitat for Humanity. Y eso por no hablar de Common Grounds, Rebuilding Together, Global Green y otras ONGs que están contribuyendo a darle un nuevo lustre a la ciudad.

Desde su observatorio al otro lado del río Misisipí, en el barrio de Algiers donde fue testigo de las acciones violentas de las milicias blancas, el ex pantera negra y fundador de Common Grounds Malik Rahim, nos previene sin embargo contra los “cambios visibles pero superficiales” de Nueva Orleans: “Es cierto que el activismo es mucho mayor, pero no hemos conseguido grandes cosas. Volvemos a estar como estábamos, en una ciudad plagada de injusticias y totalmente desprotegida. Los diques siguen siendo frágiles e insuficientes, como todo lo que se ha hecho en estos cinco años. Puede volver a pasar un Katrina en cualquier momento”.

Carlos Fresenda, enviado especial a Nueva Orleans
Publicado en El Mundo
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