26 de julio de 2010

EL 'PLASTIKI' CULMINA SU ODISEA




  • El casco se compone de 12.500 botellas recicladas

  • 'Queremos llamar la atención sobre esa plaga a la que todos contribuimos'

  • El 'Plastiki' será símbolo de la lucha contra la cultura del usar y tirar

  • La expedición ha sido formada por seis tripulantes

Al cabo de 125 días, después de haber recorrido más de 8.000 millas marinas, el catamarán 'Plastiki' ha culminado su odisea ecológica y se dispone a tocar por fin puerto en Sydney. El 'mensaje' lo lleva en el casco, construido con más de 12.500 botellas recicladas, a modo de apremiante recordatorio: del 60% al 80% de la contaminación del mar está causada por los plásticos.

La parte más arriesgada de la expedición fue precisamente la travesía de esa 'isla' viscosa de plástico (dos veces mayor del tamaño de España) que ha ido tomando cuerpo en el Pacífico, entre las costas de Hawai y de California, de donde partió precisamente el 'Plastiki' a finales de marzo.

"Hemos querido llamar la atención sobre esa plaga a la que todos contribuimos y que está estrangulando nuestros océanos", ha declarado el aventurero mayor, David De Rothschild, vástago 'verde' de la familia de banqueros, que ha consagrado los cuatro últimos años de su vida a la singular expedición.

"El impacto ha superado nuestras expectativas", reconocía por email el propio Rothschild, en las horas finales de la expedición. "Pero queremos que el mensaje siga resonando. El 'Plastiki' será a partir de ahora el símbolo de la lucha contra la cultura del usar y tirar... Tenemos que cambiar nuestros hábitos: no podemos seguir siendo verdugos y víctimas de la muerte de nuestros mares".

La odisea del 'Plastiki' cuajará en un documental, bajo los auspicios del National Geographic, en el que viviremos los momentos más dramáticos de la travesía (las tormentas del mar de Tasmania que casi hacen zozobrar el catamarán) y viajaremos por primera vez a la escurridiza 'isla de plástico' del Pacífico, que es más bien un 'mar de los sargazos' de residuos humanos.

En el 'Plastiki', junto a David De Rothschild, viajaron cinco tripulantes de excepción. Entre ellos, Olav Heyerdahl, nieto del explorador noruego Thor Heyerdahl, que en 1947 fletó el mítico Kon-Tiki rumbo a la Polinesia. Al timón estuvo la capitana británica Jo Royle, curtida en los mares del sur y asistida por David Thompson, uno de los mayores expertos mundiales en navegación en catamarán.

El catamarán, con su iglú geodésico construido también con plástico reciclado, ha dejado su imborrable estela en una veintena larga de puertos a lo largo del azaroso trayecto. El barco cuenta con un sistema de reciclaje natural de aguas grises y negras.

La cubierta fue diseñada para aprovechar la máximo el agua de lluvia y abastecer a la tripulación, que también pudo comer ocasionalmente los vegetales cultivados en cubierta con un sistema de acuaponía. El catamarán iba equipado con paneles solares y con una bicicleta para generar 'poder humano'. Su poderoso velamen estaba también fabricado con tejidos reciclados.

La travesía ha hecho estragos en el casco y en la cubierta, pero el catamarán ha superado todas la previsiones y llega a Australia en perfecto estado de navegación. Los vientos casi huracanados obligaron, eso sí, a alterar la ruta y a tocar por primera vez la costa australiana a la altura de Mooloolaba el 19 de julio. El lunes, en Sydney, los chicos del 'Plastiki' serán recibidos como auténticos ecohéroes del siglo XXI.

Carlos Fresneda, Nueva York
Publicado en El Mundo

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