22 de junio de 2010

EL HONOR DE LOS "NUNEZ"

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Jules Nunez (primer plano) y su hijo Randy, propietarios de una lonja en Luisiana. | C.F.
  • Jules y Randy Nunez son pescadores de Luisiana descendientes de españoles
  • Aunque les cueste reconocerlo, son lo que en el sur de EEUU llaman 'islenos'
  • Regentan una de las lonjas más celebres de Bahía Barataria: 'Nunez Seafood'
  • El negocio existe desde hace 60 años y ha sobrevivido a muchos huracanes

El petróleo del Pozo Macondo entra en la Bahía Barataria... No se dejen engañar por la carga literaria y asómense a la cruda realidad: el vertido del Golfo de México azota el mayor estuario de Luisiana.

Cientos de pescadores se quedan en el dique seco, y entre ellos los Nunez, que llevan aquí anclados el tiempo suficiente como para haber perdido la 'eñe' y el acento canario.

Aunque les cueste reconocerlo, los Nunez son lo que aquí llaman 'islenos' (nosotros diríamos 'isleños'). Al abuelo Clemente le recuerdan como 'Grandpa Clement'.

No saben a ciencia cierta de qué isla llegaron sus ancestros, ni en qué año recalaron en la Luisiana. Pero es muy posible que lo hicieran entre 1778 y 1783, cuando Carlos III envió a los pobladores canarios que se adaptaron como pez en el agua a las llanuras aluviales de rodean Nueva Orleans.

El caso es que Jules y Randy Nunez, que nunca leyeron el Quijote, regentan una de las lonjas más celebres de la Bahía Barataria: 'Nunez Seafood'. El negocio familiar lleva abierto desde hace 60 años y ha sobrevivido a incontables huracanes.

En plena temporada, entre 50 y 75 barcos depositan aquí a diario su maná de gambas, cangrejos, lenguados y corvinas. El negocio factura al año dos millones de dólares, pero el vertido lo ha arrojado todo por la borda.

"Nos estábamos recuperando finalmente del Katrina y ahora nos llega esto", se lamenta Jules Nunez, 77 años, en esa especie de camarote varado en el tiempo, decorado con mapas antiquísimos y corvinas disecadas.

"Todos sabemos qué hacer cuando llegan los huracanes, pero nadie nos había preparado para el petróleo. Lo temíamos desde hace tiempo. Rezábamos para que no sucediera... y ahora rezamos para que ocurra el milagro".

Era domingo, y tras la misa de rigor (día estatal de 'plegaria' para frenar el vertido), los Nunez se refugiaron en su lonja porque no había nada mejor que hacer... "Esta es nuestra vida, siete días a la semana. Y aquí esperaremos las noticias, buenas o malas. En el mejor de los casos, habrá que esperar uno o dos años. Hemos puesto las demandas contra BP, pero aún no sabemos nada de compensaciones económicas ¿Que si he escuchado el discurso de Obama? Buenas palabras, pero poca acción...".

A la espera

Jules prefiere sin embargo "no hablar mal de nadie" y esbozar una sonrisa de viejo pescador que se las sabe todas. El timón del negocio se lo pasó hace tiempo a su hijo, Randy, que es el que 'está moviendo los papeles'.

Una vez a la semana, los miércoles, el 'consejero de la crisis' se acerca al centro comunitario de Lafitte para despachar con los pescadores y ponerles al día. El dinero no llega, y la paciencia se va agotando, en medio del insoportable bochorno y del quejido estridente de las chicharras.

"Vuelve dentro de unos meses y te diremos", sentencia Jules. "Lo mismo ha ocurrido ya el 'milagro' y ves los muelles repletos con cajas de cangrejos y gambas. O a lo mejor nos ves igual que ahora, desocupados y pendientes del televisor... Pero aquí seguiremos, no lo dudes. Esta es nuestra vida y de aquí no nos vamos".

Dejamos a los Nunez con una sensación amarga allá en su lonja, en uno de tantos canales que rompen en la inmensa Bahía Barataria. El petróleo entró de lleno hace más de dos semanas y ha estrangulado ya la vida de varios delfines, que llegaron precisamente a la bahía huyendo de la mancha.

El gobernador Bobby Jindal, que tiene una especial querencia por el estuario, ha ordenado el despliegue de medio centenar de balsas de contención, para evitar que el crudo entre en los canales y en las zonas pantanosas.

Poco se puede hacer, sin embargo, mientras el realismo 'sucio' siga brotando a espuertas del pozo Macondo. La tragedia se cuece a fuego lento en la Bahía Barataria.

Carlos Fresneda, (Enviado especial) | Bahia Barataria (Luisiana)
Publicado en El Mundo

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