29 de abril de 2010

ADIOS HAITI, RUMBO A SALINAS, NOCHE EN EL HILTON - SFH 9

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Reedición retroactiva

Dejar al amanecer el hotel Kinan en Petion Ville con el rumor callejero y la continua musiquilla de fondo salida de no se bien donde desde el campamento de refugiados de la plaza Sant Pierre, sólo 20 metros de distancia de un encuentro directo con dos niveles de vivir Puerto Príncipe, le ha dao ese toque nostálgico de las despedidas de lugar, mientras buscábamos una moto taxi que nos sacara de la complejidad de la urbe rota rumbo a la frontera de Jimani. Dos mundos a tiro de piedra, en el hotel periodistas, cooperantes internacionales, y traficantes varios. En el parque varios miles de príncipes y princesas sin posibilidad salvo de humilde cobijo bajo toldo e incierto futuro, pero con unas ganas de tirar palante que es lección de humanidad para el acomodado que esto escribe.

En la caja de la pickup retornan una cocina y cacerolas, mínimos equipos de iluminación y la azada de rueda Heidi de Ecoprac, el destino de ello son equipamientos de Cesal nada más pasar la frontera en República Dominicana. De esta forma desde Solar for Hope unimos simbólicamente a dos países de una sola isla. Antes pasamos en misión especial a indagar sobre el accidente de helicóptero, donde por desgracia, 4 militares paisanos nos dejaron en su ultima misión. Llegamos a Fond Verretes, al lugar donde empezamos con fuerza e ilusión el periplo de 9 días de indagación en la dolida pobreza de millones de seres humanos, en el análisis socioambiental de un país pobre que suma la mayor catástrofe (en victimas) por causa geológica de la historia humana del continente y donde la voluntad solidaria del proyecto Solar For Hope se estrenó y donde José Andrés se puso a los fogones del no carbón y preparando migas con sardinas que dejaron un impacto sensacional en la humildes gentes de la población donde Cesal y Caritas laborean por el bien común.

En el cruce desde la carretera y arranque del valle de Fond Verretes sube a la caja sin pensarlo el que al poco fue uno de los encuentros más intensos de nuestra estancia, Jean Baptiste, nobel músico y mecánico, huido de Puerto Príncipe roto con su familia, con un tono de voz inolvidable y un castellano hablado y agradecido gracias al colegio de la infancia. Acompañó a Carlos donde hizo falta, me ayudo a cambiar la rueda pinchada y comió en el mercadillo con una agradecimiento que tocaba el alma. Una linterna solar de mano en sus manos y un saludo hasta a vista en la salida del pueblo nos despidieron por última vez de ese lugar que ha estado siempre en nuestros diálogos.

Estar al lado de un profesional de la comunicación es una experiencia enriquecedora, la habilidad de hilvanar detalles, sucesos, comentarios para convertirlo en información veraz y útil es un arte, y en Carlos Fresneda un modo pasional de entregar a la sociedad la verdad según sus mirada y su sentir humanista. Su crónica enviada por teléfono ante la falta de conexión puso punto y final a una visita inesperada.

Capturo la imagen del puesto del mercadillo donde un negocio solar anda en marcha, es la recarga de móviles desde panel fotovoltaico a batería de coche y de aquí a la distribución de enchufes y en las posibilidades de dotar este tipo de microemprendimientos con generadores fotovoltaicos como los que hemos instalado desde el SFH. Imágenes durante la bajada de laderas mermas de foresta, alguna columna de humo carbonero de supervivencia y colapso y la imagen imborrable todavía de un chavalín en busca de agua como perdido en un mar de piedras son los últimos recuerdos antes de entrar con inusitada tranquilidad en la frontera, pasar con buen paso por el malpaso (nombre del lugar fronterizo) sin parar viendo el contrabando en barcas de carbón vegetal que no para ya que es negocio pingüe (1 dólar al día para cocinar una comida una familia, en BCN con ese importe se preparan 5 comidas) y hacer lo mismo en la de R. Dominicana y apretar acelerador rumbo a Salinas, donde el retraso de bastantes horas nos inquieta. No pasan 500 metros de la verja que las ganas de encontrar algo de normalidad nos hace reflexionar en voz alta y frenar para proceder a dar media vuelta y volver a tramitar el sellado de pasaportes como mandan la normas.

En Salinas, a unos 100 km, cae ya la tarde y los miembros de la cooperativa de agricultores dedicada al cultivo de frutales (mango, papaya...) en tierras prestadas y apoyada por Cesal a nivel técnico y organizativo, llevan medio día esperándonos. Aparcamos, saludos y salto con la caja de la azada en no más de dos minutos y junto a 10 humanos montamos en un plis plas esa pieza de alta inteligencia para uno de los más loables de los trabajos humanos, generar alimentos desde la tierra, trabajándola con su fertilidad mineral, el agua que la riega y el trabajo y el sudor. Serrat ese día preparaba su esperado estreno en el centenario de ese poeta del pueblo Miguel Hernandez, hijo de la luz y de la sombra que tanto elevo las labores del gremio. Una ayuda a la memoria histórica que no hemos todavía compuesto.

Al poco estamos abriendo surcos de pruebas y no tardan un minuto es estar los cooperativistas cambiando accesorios y sintiendo como un avance y descubrimiento lo que Ecoprac lleva años ofreciendo al desarrollo de la horticultura ergonómica y más eficiente. A mi, como la azada es casi un bici, y debido a mi debilidad patológica por esa máquina con dos ruedas, me cojo a su manillar y aunque solo tenga una como que me paseo surcando la tierra y añorando mi Dahon Curve, a la que tengo unas ganas de montar que no veas. Viva la rueda y los humanos que la parieron.

Entrega de lamparas y linternas, y presentación de una cocina solar que no montamos por horario y que montaremos en Santo Domingo para que retorne lista para la acción. Cesal se encarga de trasladar el training in situ en unos días y los trabajadores de la tierra, parece que la esperan con ganas para calentarse la viandas en esas paradas de laboreo entre mangos, papayas aquí llamadas lechosas (que no tardan en vaciarnos un saco entero para disfrutarlas en dos días una vez maduras). De una de ellas y en casa de uno de los técnicos de Cesal, salen preparados unos batidos que nos trastornan los placeres a mejor.

En Santo Domingo, y en la ruta desde Salinas, vemos y sentimos la enorme diferencia de dos países uno al lado de otro, ya sentida a la ida pero ahora con la vivencia acarreada, más analítico el balance. Cuelgan de vallas y farolas simpáticos carteles de campaña electoral (que nos decimos que habría que recoger como exposición fotográfica, porque el rato que nos han hecho pasar es inolvidable).


Llegamos muy tarde al Hilton, demasiado postín para cerrar nuestro periplo caribeño en busca y servicio social, mañana es el día del concierto Esperanza por Haití y hay que estar frescos, no espera la rueda de prensa y el cubrir el evento, que con música sera una despedida emocional. Mientras caen los tratamientos de imagen, el envío a la redacción de El Mundo, América, balances espontáneos y peregrinos de los días atrás, necesidad imperiosa de ordenar el petate y una cierta nostalgia del hotel Kinan, que siendo mucho más modesto es mucho más valioso que el Hilton frente a la playa.

Manolo Vílchez
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