14 de noviembre de 2009

SE ACABO, COMIENZA UNA NUEVA ERA

He vivido por primera vez cómo nuestra especie se une para decidir su destino en estos tiempos donde todo pende de una cifra. Siempre he sentido un gran respeto hacia Naciones Unidas, por lo que representan y porque son objeto de servicio al bien global. Sentir su fuerza y su valor durante la Climate Change Talks 2009 en Barcelona, antes de la gran cita en Copenhague donde se debe decidir qué hacer para reducir el calentamiento en el clima planetario, es privilegio supremo. Nunca he estado tan cerca de todos los países del mundo, de aquí mi excitación. Veo a todas las razas, colores y clases sociales poniendo lo mejor para llegar al mejor acuerdo. Lógicamente, a todo ello lo rodean las presiones del sistema económico en el que nos desenvolvemos perplejos, aunque una gran parte del mismo no servirá en la nueva era que ya ha comenzado.

Estar a las puertas del cambio del mundo es sensacional. En la batalla por esa transformación climática se suma con apetito -junto a las naciones ricas- una gran parte de los países que hasta ahora cogían poco del gran 'buffet' limitado que el sol y los elementos ponen sobre la mesa. A mediados del pasado mes de septiembre, la Humanidad acabó con los recursos biológicos y energéticos que el paraíso Tierra podía suministrar en 2009. Todos estos meses estamos consumiendo lo que nos tocaría en 2010. Visto con ojos y mente alienígena, simplemente estamos locos perdidos. No hemos sido suficientemente inteligentes para desarrollarnos sin alterar a peor el futuro y nuestra felicidad.

La cifra clave puede ser 350 partes por millón (ppm) de concentración de CO2 en la atmósfera, o quizá no pasar de 1,5ºC de incremento de la temperatura. La cifra importante anda en esta horquilla y no en ninguna cifra económica, de mercados y de poder. He venido estos días a sentir e identificar cuál es la cifra con la que me debo comprometer y activar. Un mundo y una vida 350, con previsión de no contribuir a superar en 1,5ºC el termómetro global, es un mundo sustancialmente distinto al que ahora conozco. Es un mundo excitante y lleno de posibilidades. Es un mundo postmaterialista, donde los humanos nos reencontramos con los valores supremos de la bondad, de la equidad, de la justicia cierta y global. Llevamos mucho tiempo experimentando la convivencia, creando fórmulas magistrales para hacer posible el avance y el progreso. En algo hemos fallado, debemos rectificar ya.

La mayor fuente energética para el cambio está ya activa. Un millón de organizaciones sociales en todo el mundo son el motor de la mayor aventura jamás soñada. Vivir sin hacer ni hacernos daño. Algunos políticos ya comienzan a renovarse y a ser parte de la solución. La Tierra nos mira compasiva. Si no acertamos, ella seguirá su rumbo en el cosmos, pero quizás nosotros ya no estemos. Una pequeña huella de una de las millones de especies que la habitaron se irá diluyendo.

Manolo Vilchez
Publicado en Natura 41 de El Mundo

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