17 de octubre de 2009

LA CRISIS ACELERA LA TRANSICIÓN HACIA EL CAPITALISMO NATURAL

Amory Lovins no encaja en la figura del economista ni en la del ecologista. Estudió Física porque era lo más cercano que había a su pasión de toda la vida: el estudio y la aplicación de la energía. A las puertas de su casa ultraeficiente, o en el invernadero donde crecen los plátanos, Lovins parece más bien un agrimensor o un 'energicultor', empeñado en calcular hasta el mínimo impacto de su quehacer diario...

PREGUNTA.- ¿Estamos viviendo el final del capitalismo tal y como lo conocíamos?

RESPUESTA.- El capitalismo estará aún con nosotros durante bastante tiempo, me temo. Pero al menos somos conscientes de lo destructivo e ineficiente que puede ser el mercado si no se le ponen límites... Lo que necesitamos ahora es ensanchar la noción el capitalismo, y reconocer que existen cuatro formas de capital: el dinero, las mercancías, la naturaleza y la gente. Si incluyes los dos últimos factores -en vez de tener presentes tan sólo los dos primeros como hasta ahora- tenemos el capitalismo natural. El punto de partida es así de simple: sin una naturaleza saludable, no hay economía.

P.- Muchos piensan que conciliar capitalismo y naturaleza es una utopía o un sacrilegio...

R.- No pienso que sean incompatibles. Es más, creo que ha llegado el momento de hacer negocios teniendo de verdad en cuenta el bienestar de la gente y la salud del planeta. Cuando Paul Hawken, Hunter Lovins y yo acuñamos el concepto hace 10 años, creó cierta polémica. Pero hoy en día está muy aceptado y es bastante influyente.

P.- ¿Y la crisis económica no está haciendo acaso más difícil la transición hacia el capitalismo natural?

R.- La crisis ha sido el reflejo de un sistema que está muriendo, mientras otro lucha por nacer. La crisis está en todo caso acelerando la transición hacia el capitalismo natural. Es cierto que los emprendedores y bastantes empresas están luchando por tener oxígeno en medio de la crisis, pero las dificultades económicas están sirviendo sobre todo para enterrar inversiones dudosas y proyectos infinanciables, como las centrales nucleares.

P.- En uno de sus últimos trabajos usted vaticina que la energía nuclear caerá bajo su peso económico...

R.- Es cierto. Ni siquiera en 2005, con Bush y Cheney en la Casa Blanca, la industria fue capaz de encontrar financiación para construir nuevos reactores nucleares en Estados Unidos. En China y en Francia, los dos países que más fuertemente apuestan por la energía nuclear, la 'ilusión' se sustenta sólo por el apoyo estatal. La nuclear es la que más subsidios tiene, y aun así el kilovatio hora cuesta hoy por hoy tres veces más que el generado por el viento.

P.- Francia está presionando a España y a otros países vecinos para exportar su tecnología nuclear...

R.- El modelo energético de Francia no ha variado en 35 años, así que difícilmente puede servir como ejemplo para el futuro. Yo le diría al Gobierno español que, además de los criterios ecológicos, tenga en cuenta los estrictamente económicos. La energía nuclear no es competitiva. No hay un solo proyecto que se sustente sólo con capital privado: los inversores no son tan estúpidos.

P.- El petróleo y el carbón se niegan a perder terreno...

R.- No podemos quemar petróleo y carbón siempre. En este país, la opinión pública se está cuestionando ya la construcción de nuevas centrales térmicas. Hay soluciones más sencillas y baratas, y mucho más respetuosas con la salud del planeta.

P.- Muchos analistas predicen sin embargo que las energías renovables o 'blandas' no servirán para saciar la sed energética del planeta...

R.- La energía eólica está ya creciendo a un nivel exponencial, y la energía solar seguirá el mismo camino en cuanto sea más competitiva. Tenemos que ser capaces de cogenerar la energía, mejorar los sistemas de captación y distribución, conseguir la máxima eficiencia y perfeccionar los diseños.

P.- ¿Qué le parece la política energética de Obama?

R.- En el flanco de la energía tiene gente muy competente, haciéndolo lo mejor que puede. Otra cosa es que exista la voluntad política a todos los niveles para impulsar la transición energética y acometer el problema de cambio climático. Pero las cosas están mejorando.

Carlos Fresneda
Publicado en Natura, nº 40 de El Mundo, 13.10.09

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