2 de octubre de 2009

ELOGIO A TODOS LOS CICLISTAS URBANOS

Todos respiraríamos mejor por cada bici que sustituyera a un coche en la ciudad. La bici es un poderoso símbolo del cambio que se nos avecina.

Madrid, un cruce de calles en el barrio de Chamberí. Es el punto de encuentro con Carlos. Llego y lo primero que comentamos es que la ciudad está fagocitada por el coche. ¿Donde están las bicis? Me explica lo distinto que es Portland, Austin o la mítica Nueva York, llenas de miles de ciudadanos a pedales. Hablamos de la paralización de la bici pública de alquiler en la ciudad con motivo, alegan, de la crisis.

Pero ¿cuál de ellas? Si se analiza en profundidad, la bici puede ahora incluso cumplir una función práctica y económica para más personas. ¿Será una crisis de voluntad política o una crisis de dominadores culturales? Ninguna de estas crisis tiene remedio rápido.

Seguimos comentando sobre los movimientos en defensa de la bicicleta como medio de transporte urbano, que tienen en Madrid plaza activista bien reconocida, y sus memorables masas críticas así lo demuestran. Aunque llegamos a la conclusión de que, como en tantas ciudades, la batalla en el asfalto la tiene ganada, de momento, el vehículo de motor de combustión... mientras ruge alguna ruidosa moto y el compresor de los aires acondicionados de los coches que esperan la salida en el semáforo también aporta ruido y agua condensada. ¡Más calor y suciedad para la ciudad compartida y más fresquito en el habitáculo privado! Divagando, llegamos a la conclusión de que la batalla se pierde, de momento, porque con los indicadores igual nos hemos equivocado.

Pero si valoráramos como prioridad social la calidad del aire que respiramos en las ciudades, ¿no sería todo algo distinto? Si culturalmente el valor del aire de calidad estuviera instaurado en nuestra concepción de la vida urbana, tanto militantes de la bici, como militantes del caminar y hasta los usuarios del excelente contaminador móvil de la urbe, quizás todos tendríamos más claro que ensuciar el aire no debe ser gratuito. Ahora lo es.

Pensemos en un paisano estresado que entra por el norte de la ciudad rumbo a gestiones varias de su vida cotidiana. El tubo de escape llena metros cubicos del aire de todos desde el km0. Entre paradas de semáforos, posibles acelerones de salida de campeón de lo inútil y frenazos por ir demasiado rápido: más metros cubicos de basura áerea que inhalamos otros muchos miles de ciudadanos. Compras aquí y allá, gimnasio para cuidar la salud (!!!) y gestiones en la otra punta a mediodía. Comida con los colegas en la zona oeste, a la que va nuestro imaginario conductor cotidiano aprovechando túneles y serviciales preferencias. Por la tarde, a otras gestiones, rumbo al este para volver al párking del centro social donde hablará de lo mal que está el tráfico y de la subida del combustible, mientras lee en una revista la decadencia de la Fórmula 1 y las carreras de motos. Miles de metros cúbicos de aire que respiramos todos tienen la contribucción individual de un ciudadano motorizado que no hace nada por el bien común (usa la ciudad para sus cosas) y que llena de tóxicos el aire de todos, en la ciudad ahora enferma.

En Elogio a la bicicleta, Marc Augé reclama el retorno del mito del tour de Francia y recuperar el valor cultural y promocional de la bici, como sucede en la vuelta ciclista a españa (en la imagen).

Ahora que todo puede cambiar, que debe cambiar, el valor del aire de la mayor calidad posible deberíamos convertirlo en un valor sagrado de la urbanidad/humanidad. Algunos verían reducidas sus libertades de movimientos tóxicos y las mayorías apreciaríamos más la belleza artificial de la gran obra humana ciudadana. Todos respiraríamos un poco menos de contaminación por cada vehículo de combustión que dejara de usar la ciudad y todos los ciclistas serían héroes anónimos que desplazan sus cuerpos y hasta sus pequeñas mercancías con poco ruido por precisos, amplios y seguros carriles bici.

Carlos y yo acordamos meterle mucha más mano a la bici en estas páginas e intentar dar a conocer todo lo posible la diversidad creativa entorno a la máquina verde y sus conductores en las ciudades (bici héroes para nosotros en todas sus vertientes). Las bicis van a ayudar mucho a cambiar este mundo, estamos convencidos.

Lo que son las cosas, en el quiosco de la estación de tren, me pillo el último número de Integral y, mira por dónde, tienen a bien comentar un libro que me genera conmoción debido a lo sinérgico del día, poniendo broche de lujo a nuestras complicidades como comunicadores. Elogio a la bicicleta, de Marc Augé, antropólogo y etnólogo francés, se convierte en una búsqueda casi frenética por hacerme con un ejemplar como sea. Gedisa lo edita y no tardo más que un rato en solicitar un ejemplar que llega a mis manos en poco tiempo. El libro es menudo, de letra grande y de sabiduría revolucionaria. Pone puntos sobre las íes de nuestra particular conspiración, llevándome del mito a la epopeya y concluyendo en la utopía posible. El autor se va a su infancia y a las sensaciones vividas sobre la bicicleta. Reclama el retorno del mito del Tour de Francia en base a sus héroes de cuando joven y del valor cultural y promocional de la bici a recuperar en todas las vueltas ciclistas. Admira y analiza la irrupción de la bicicleta pública de alquiler en París y Barcelona , y desgrana las posiblidades de revolución urbana que tenemos delante. Indica que la bicicleta encarna una bella utopía, una promesa de felicidad, que podemos soñar y proyectar a grandes rasgos una ciudad utópica del futuro donde la bicicleta y el transporte público sean los únicos medios de desplazamiento.

"En su humildad –escribe MarcAugé en su libro 'Elogio de la bicicleta'– , la bici nos enseña a estar en armonía con el tiempo y el espacio"

A estas alturas, y desde la contraportada, yo me creo que he encontrado el bicigrial mientras le doy fuerza a los planes con Carlos ideados unos días antes (presentar a los biciacompañantes, descubrir métodos y tipos de trailers de los trabajadores sobre bicis, destacar las planificaciones urbanas más potentes...).

Algunos lemas del libro los hacemos nuestros enseguida:“El milagro del ciclismo devuelve a la ciudad su carácter de tierra de aventura o, al menos, de travesía”; “El ciclismo es puro humanismo: pedaleo luego existo” y “¡Arriba las bicicletas, para cambiar la vida!”. comenta augé que, en su humildad, la bicicleta nos enseña, ante todo, a estar en armonía con el tiempo y el espacio. Nos hace redescubrir el principio de realidad en un mundo invadido por la ficción y las imágenes. El ciclismo es un humanismo que abre con renacidos bríos las puertas de la utopía y de un futuro más esperanzador: el símbolo de un futuro ecológico para la ciudad del mañana y de un proyecto urbano que tal vez podría reconciliar a la sociedad consigo misma.

Al final del libro, el autor compara el efecto pedalada con el efecto mariposa, y describe un escenario futuro lleno de creatividad entorno a la bici: diseñadores extremos, mecánicos insuperables, tuneadores exquisitos... Imagina un mundo donde los investigadores multiplican los descubrimientos: bicis plegables, portátiles, todoterreno, musicales, acuáticas, bicis a vela... Los científicos están a un paso de descubrirla manera de capturar la energía desplegada por los ciclistas y, con ese propósito, se están construyendo carreteras especialmente equipadas, e incluso en el año 2036 una prestigiosa universidad organiza la conferencia internacional “La bicicleta y el fin de las ideologías” o, un año después, “La bicicleta y la muerte de Dios”... Cierro el libro y veo que la utopía ya es posible, además de necesaria. ¡Ciudadanos y ciclistas del mundo, uníos, que el cambio es sólo nuestro y lo mejor que nos puede pasar!

Manolo Vílchez
Publicado en Integral nº
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2 comentarios:

Banavicius dijo...

Pues Manolo a mi Elogio de la Bicicleta no me ha gustado. Primero por caro, no pasa de ser un folleto que se lee en media hora y vale un pastón. Respecto del contenido, pasamos de contar toda la historia del Tour y sus héroes (a mi, por edad me queda algo lejos) a imaginar una arcadia feliz en la que reina la bicicleta pero que personalmente no es mi utopia, al menos como la describe Marc Augé. Recomiendo otros libros que he conocido gracias a ti: "Consumir menos, vivir mejor" y "Simplicidad radical", sencillamante geniales. En cualquier caso gracias a ti y a Carlos por este blog y por el genial "Diario de un ecologista".
P.D. Si alquien quiere conocer el ciclismo urbano en estado puro, le recomiendo el blog de "La Revolución de las Mariposas" de Oscar Patsi. Una página que descubrí también gracias a Manolo.

manolo dijo...

Colega, te agradezco tu crítica y elogios, la critica esta fundada por supuesto, me basé en la oportunidad de acceder al pensamiento y la reflexión de Marc Auge entorno a la máquina que nos une y busque el libro y en el encontré visiones que me emocionaron, como a tí me hubiese gustado encontrar más materia pero no abundan los elogios a las cosas importantes para el cambio de rumbo. Sentí en lo breve de Marc a un activista que tiene todavía la misma ilusión o parecida a la mia de ver realizado su sueño de un mundo donde reine el movimiento humano mas limpio y más tranquilo.
Le paso a Carlos tus elogios al blog. Diario de un ecologista fue una experiencia única para mi hasta principios de 2008, cuando deje mis labores en la Fundación Terra y como ecologista impulse a diario la microempresa alSol y desde ese momento tengo el privilegio de acompañar a la estela creativa de Carlos en el sueño que ambos compartimos de ayudar modestamente a cambiar en tre millones, este mundo casi por complento. Gracias de nuevo