4 de julio de 2009

LO QUE EL VIENTO NOS DEJÓ

Iberdrola gestiona en Oregón su mayor parque eólico del mundo, con una capacidad de 400 megavatios

WASCO (OREGON).- Desde que la turbinas arraigaron entre el trigo, John Hildebrand duerme mucho más tranquilo por las noches. El viento de la “garganta” del río Columbia, que antes era capaz de volverle loco, suena ahora a maná del cielo. El zumbido de las aspas forma ya parte del paisaje acústico en este rincón del altiplano de Oregón, en plena “nación del salmón” y en tierras sagradas de la tribu de los Wasco.

PARQUE EOLICLO KLONDIKE DE IBERDROLA EN OREGON

Hace siglo y medio que los Hildebrand se instalaron en estos páramos dorados del lejano noroeste de Estados Unidos, en el lado soleado del imponente Mount Hood, que los separa de los bosques y las brumas. Vieron llegar el ferrocarril, y después la electricidad, y finalmente el tractor. La agricultura industrial les dio de comer durante un tiempo, pero no fue suficiente. La aldea de Klondike se acabó desdibujando en los mapas, y en Wasco apenas quedaban 400 almas mal contadas. Su destino probable habría sido el de tantos pueblos fantasmas de la América profunda.

Pero en esto llegaron los españoles de Iberdrola... “Antes vinieron otros, aunque no acabamos de fiarnos”, recuerda John Hildebrand, mientras se ajusta los tirantes y despacha una hamburguesa en el Lean To Cafe and Goose Pit Saloon, el bar donde socializan los locales.

"Nunca dudé del poder del viento”, asegura el veterano agricultor, 82 años. “Aquí tuvimos siempre molinos, y yo sabía que estos aires que tanto nos han hecho sufrir, nos acabarían dando grandes satisfacciones. Ahora nos beneficiamos todos los años de la “doble cosecha”. No nos podemos quejar”.

JOHN HILDEBRAND EN EL PARQUE EOLICO KLONDIKE DE IBERDROLA EN OREGON

John Hildebrand tiene aún el rancio recuerdo de cuando estuvo en la España posfranquista “conduciendo un viejo Seat por carreteras secundarias”. “Me cuentan que aquello ha cambiado mucho y que hay turbinas por todos los lados”, advierte. “Ahora son ustedes quienes tienen el “conocimiento...”.

Seguimos al “energicultor” por caminos polvorientos. En su ranchera lleva una pegatina que suena a declaración de principios: “Si amas tu petróleo extranjero, vas a tener que amar tu comida extranjera”... En poco tiempo nos plantamos en los campos de espigas, que bailan con el viento y brillan aún más intensamente junto al reflejo blanco, uniforme y casi infinito de los aerogeneradores.

Los agricultores firman un contrato de cesión del suelo por 30 años y perciben algo más de 5.000 dólares al año por “molino”. Con 242 turbinas instaladas en cuatro fases, el parque eólico de Klondike es el mayor de los que opera Iberdrola en el mundo: 400 megavatios, suficientes para abastecer a 115.000 hogares de los estados de Oregón, Washington y California.

Klondike es también uno de los tres parques más grandes en Estados Unidos, que este año se ha colocado a la cabeza del mundo por potencia eólica instalada (26.000 megavatios). Aun así, el viento no supone aún más que un 1,5% de la tarta energética del país, y el potencial de crecimiento es enorme.

SETH STANFIELD EN UNA TURBINA DEL PARQUE EOLICO KLONDIKE

Si Gamesa eligió Pensilvania, y Acciona se inclinó por Iowa, Iberdrola decidió empezar la conquista precisamente por el noroeste y controla desde Portland (Oregón) una red que se extiende ya por 14 estados y suma un total de 2.876 mevatios. Una tercera parte de la capacidad instalada por nuestro gigante eólico está precisamente en Estados Unidos.

Aunque la crisis ha menguado las inversiones previstas de 8.000 millones de dólares entre el 2008 y el 2012, Iberdrola confía en poder llegar este año a la meta de los 800 MW instalados con el impulso del Plan de Estímulo de Obama, que ofrece ayudas en efectivo (grants) y prorroga hasta el 2012 los créditos fiscales a la producción (PTC).

“Sin duda, el plan de estímulo y la ley de energía darán un impulso definitivo al sector”, admite Martín Múgica, al frente de Iberdrola Renewables en Estados Unidos y Canadá. “A partir de ahora vamos a contar con un marco de apoyo que antes no existía. Estamos muy satisfechos y sólo esperamos que las dos leyes cumplan sus expectativas”.

John Hildebrand, el campesino “eólico”, avanza entre las turbinas por el carril que lleva el nombre de su familia y se niega a creer que todo el mérito sea de Obama: “No soy de los que opinan que este presidente haya hecho malo al “otro” (Bush). Lo cierto es que el viento empezó a despegar en este país cuando tuvo un sentido económico. Y lo mismo pasará con la energía solar: funcionará en estas tierras cuando le llegue el momento, aunque no sé si viviré los suficiente para beneficiarme de ella”.

El viento ha servido de momento para renovar por completo la escuela de Wasco, para adecentar las carreteraas y para poner en marcha dos proyectos de “desarrollo” impensables hace una década. La idea de reconstruir el viejo hotel Sherman, que daba prestancia al pueblo, pervive aún en las mentes de los afables lugareños, que viven con pie en el pasado y otro en el futuro inmediato

Seth Stanfield, 31 años, californiano y marinero en tierra, piensa quedarse en Wasco así que sople un viento del fin mundo. Su experiencia militar ha sido impagable para tomarle las hechuras a los gigantes de metálicos de más de 100 metros y a su complejo mantenimiento Un total de 23 personas controlan el funcionamiento de un auténtico ejército de rotores. “Hay que saber de electricidad, de mecánica y de informática”, advierte Stanfield, mientras nos invita a contemplar la “sala de mandos”, a entrar en los intestinos de una “nacelle” y a visitar el imponente interior de una turbina. “Y has de estar también dispuesto a un intensidad física y a una exposición constante a los factores externos... Quien tenga claustrofobia o vértigo, mejor que se abstenga”.


Obama: “No hay que tenerle miedo al futuro”

WASCO (OREGON).- Barack Obama ha decido dar un último empujón a la Ley del Cambio Climático, aprobada por la mínima en la Cámara de Representantes (219 votos a favor, 212 en contra). El texto que fija por primera vez una reducción a las emisiones de CO2 en Estados Unidos –del 17% en el 2020 y del 83% en el 2050- está pendiente aún de la votación final en el Senado, donde será aún más complicado sacarla adelante.

Hago una llamada a todos los senadores y a todos los americanos en este asunto”, declaró el presidente. “No podemos tenerle miedo al futuro. Y no debemos ser prisioneros del pasado... No creáis en la desinformación que circula estos días: no existe ninguna contradicción entre las inversiones en energía limpia y el crecimiento económico”.

Obama vaticinó que la nueva ley servirá “para impulsar el desarrollo de fuentes de energía bajas en carbono, tales como la eólica, la solar y la geotérmica”. El presidente metió en el mismo paquete a “la energía nuclear segura” y al “carbón limpio”.

Pese al empeño puesto por los impulsores de la ley, los demócratas Henry Waxman y Ed Markey, el “compromiso” final ha obligado a rebajar los límites a las emisiones y contiene numerosas “concesiones” la industria, en opinión de la mayoría de los grupos ecologistas. La ley está siendo también boicoteada por los “lobbys” del carbón y del petróleo, que pretende forzar una “marcha atrás” en el Senado.

Carlos Fresneda, enviado especial

Publicado en El Mundo, 5.07.09


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