3 de febrero de 2009

EL TEMPLO "VERDE" DE LA CIENCIA

El museo más “verde” del mundo
SAN FRANCISCO.- El arquitecto empezó por el tejado. Renzo Piano se subió a lo más alto de la vieja Academia de las Ciencias de California, resquebrajada tras el terremoto de 1989, y oteó las colinas de San Francisco desde las fronda del Golden Gate Park. Se dejó poseer por aquello que los romanos llamaban el “genius loci”, el espíritu del lugar, y volvió al mundo de lo palpable con una etérea idea...

"Los museos de ciencia han sido siempre opacos y claustrofóbicos, como si fueran reinos de las tinieblas. Pero este edificio, en uno de los parques más bellos del mundo, tiene que conectar con la naturaleza. Necesita ser transparente, verde y sostenible para cumplir con su propósito: el estudio de la Tierra”.
Así brotó el boceto, como un mar de colinas, concretado al cabo de ocho años y 500 millones de dólares, habitado ahora por un millar de especies y coronado por un sinuoso “tejado vivo” de una hectárea, 60.000 células fotovoltaicas, un sistema de ventilación natural y un armazón de acero totalmente reciclado.

La vieja Calacademy –como se le conocía popularmente desde su fundación en 1853- es ahora el templo “verde” de la ciencia, el museo más ecológico del mundo desde los cimientos hasta esas siete cúpulas vegetales que se funden mágicamente con
el paisaje, en un ejemplo único de biomímesis. Y también uno de los centros más punteros de investigación, donde es posible ver a los paleontólogos y a los entomólogos con las manos en la masa.

El “espíritu del lugar” ha dado incluso un nuevo impulso a la misión de la Academia de las Ciencias de California, con una exposición permanente dedicada a Darwin y las islas Galápagos y el mayor repetorio de actos para celebrar los 150 años de “El origen de las especies” (“Evolve 2009”). Un planetario, un acuario y una selva tropical –con toda la fauna piscícola del Amazonas- comparten espacio bajo el tejado “verde”, en el que ocupa también un lugar muy visible y práctico el cambio climático (con el manual “La sostenibilidad hecha simple”, que se llevan bajo el brazo los miles de visitantes diarios).
“Nuestro objetivo no es sólo investigar, albergar exposiciones o convertir la naturaleza en espectáculo”, sostiene el director de la Academia, Gregory Farrington. “Queremos que el edificio sea en sí un ejemplo, que inspire a los visitantes para que conserven los recursos naturales y ayuden a sostener la diversidad de la vida en la Tierra”.

El “envoltorio” es el mensaje. La Academia ha recibido la certificación LEED
“platino” que la acredita como el mayor edificio público construido hasta la fecha con criterios ecológicos. Renzo Piano, ganador del Premio Pritzker en el 98, artífice entre otros del George Pompidou en París, del rascacielos del New York Times en Nueva York o del emblemático Centro Jean-Marie Tjibaou de Nueva Caledonia, ha dado una nueva vuelta de tuerca a la arquitectura a sus 71 años y ha marcado un nuevo hito de lo posible dentro de un espacio urbano.

Visto desde lejos, el edificio adquiere una extraña ligereza y parece camuflarse poco a poco en el entorno, fiel al deseo original del arquitecto: “Quise crear el efecto de que el parque se elevaba y el museo se deslizaba por abajo“.

Para el radiante interior, Piano confiesa haberse inspirado en “las telarañas, las escamas, las hojas y otras formas naturales”. La luz entra a raudales por decenas de tragaluces que se abren y se cierran mediante sensores, en función de la temperatura, y permiten que el pabellón se ventile naturalmente (“una de mis obsesiones era evitar a toda costa el aire acondicionado”).

El 90% de los materiales de la vieja sede de la Academia se han aprovechado en la nueva construcción, donde se han aplicado los criterios más rigurosos de aislamiento y eficiencia energética. El consumo de electricidad es el 30% menor que un edificio de su tamaño, y las placas fotovoltaicas producen más del 10% de la energía que consume el museo.

Aunque donde de verdad se aprecia el genio del arquitecto es en el tejado verde, que absorbe 12 millones de litros de agua de lluvia al año, enfría y aisla la Academia y se extiende como una manta verde y poblada de fresas salvajes, claveles silvestres y amapolas de California, en singular sinfonía de ciencia y naturaleza.

Carlos Fresneda, enviado especial


EL ENLACE EN LA WEB: www.calacademy.org
EL VIDEO EN YOUTUBE:

LA CONSTRUCCION PASO A PASO:

ENTREVISTA CON RENZO PIANO:

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