18 de diciembre de 2008

la crisis es planetaria y la solución es nuestra

Todos sentimos que las cosas están cambiando mucho. Intuimos futuros diversos y, sin dudarlo, complejos, aunque no dudo que emocionantes. Visto desde la reivindicación activista, no es ningún desastre que se fabriquen menos cacharros, se consuman menos cosas innecesarias y se limiten apetitos nada saludables. Tampoco lo es que se deje de ocupar tanto suelo, que las renovables suban porque el precioso petróleo barato se acaba y que los viajes de placer se reconviertan en placeres cercanos. Vamos a cambiar efectos por afectos, que de ellos no vamos sobrados. Debemos adaptarnos al futuro único, el sostenible.
Luis Parejo

Este porvenir tendrá tantos matices como visiones, pero aun sin saber mucho cómo hacerlo, a todo le doy la bienvenida porque los más beneficiados por los cambios venideros son la dolida agua, la intoxicada tierra, el cargado aire, el cambiante clima y todo lo vivo no especulador que habita un planeta saturado de muchas cosas mal hechas. En definitiva, los cambios que llegan deberían ser los cambios que deseamos para que la belleza de este mundo y lo glorioso de la obra humana que queda no se diluya más.

Desde que me enteré de que dos alianzas/anillos de oro dejan en algún lugar del mundo un agujero de tres metros de largo por casi dos de ancho y dos de profundo más un montón de desechos tóxicos bajó mi aprecio por un objeto así. No te digo nada de las aproximadas 25 toneladas que se han movido en decenas de geografías para convertirse en la tonelada y pico que pesa el coche con el que he quemado miles de litros de combustible. O de cómo un mineral de mi móvil, el coltán, genera explotación y guerras en África para que yo pueda consumir comunicación sin hilos, del mismo modo que me visto con ropa tóxica, respiro aire sucio, como pesticidas y genes raros y preparo las vacaciones en el paraíso demasiado lejano y pagado a plazos.

Me toca practicar mi fe en hacer bien mis cosas y animar a mis cercanos. No voy a consumir nada de lo malo y voy a apoyar sólo la economía justa y verde. Permítanme unas recomendaciones. Como lecturas: 'La doctrina del shock'; 'Consumir menos para vivir mejor'; 'Simplicidad radical'.



Para saber más de consumo inteligente: 'La rebelión de los productos'; 'Biohabitat'. Y algún documental: 'La hora 11'; '¡No comprar, pecadores; 'Utopia'. Y acabo recomendando alguna sesión de risoterapia, para reírse de uno mismo y deseando un sostenible y animoso 2009, un buen año para el cambio.

QUIÉN: Manolo Vílchez es colaborador de la Fundación Tierra y facilitador ecológico. Trabaja en equipo diseñando y fabricando aparatos solar-domésticos, es decir, cocinas solares, desde www.alsol.es. Consejos: En este artículo defiende que la llamada crisis económica puede conducirnos a una forma más racional de entender el consumo.

Publicado en el suplemento Natura, nº 31, de El Mundo

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