1 de octubre de 2008

Los 'currantes' de Wall Street


Obras, están haciendo obras en Wall Street. Los currantes de la construcción ensanchan las aceras y acondicionan el pavimento, que falta le hacía. Pero no llegarán a apuntalar la Bolsa, por mucho que los inversores se pongan de rodillas. Ni tampoco abrirán el boquete de luz entre los rascacielos, ahí nos duele a todos. Porque Wall Street es una calle umbría y sombría, esquinada y propicia para el ocultamiento, la malversación de fondos y el robo a la vuelta de la esquina.

Cualquier experto en feng shui diagnosticaría de inmediato la raíz del problema financiero: falta de luz y problemas de ventilación. El muro que ya no existe, el mismo que en su día protegía a los colonos, rodea virtualmente al fortín de las finanzas, donde abundan los tiburones y los cocodrilos.

Deberían trasladar la Bolsa a otro lugar, donde esté más en contacto con la Vida, lejos de estos cañones siniestros, y de las tiendas de Tiffany’s y de Hermés, y de los gimnasios abiertos las 24 horas para que los brokers descarguen su avaricia y su adrenalina.

Pero el mayor plan de rescate financiero en la historia de Estados Unidos no incluye el traslado del New York Stock Exchange. El pórtico prepotente seguirá ahí por los siglos de los siglos, con su bandera gigante de barras y estrellas, mientras los currantes de la construcción como el salvadoreño Carlos Ortiz intentarán devolverle a pie de calle el lustre perdido.

El índice Dow Jones cae un 2,45% en los primeros vaivenes, pero Carlos Ortiz se encoge de hombros como si la cosa no fuera con él: "Todo lo que sé es que tengo trabajo y seguro amarrados, haciendo obras por esta zona... Sé que ahí dentro tienen problemas y que nos pueden afectar a todos. Veremos a ver qué ocurre".
Manifestación el pasado jueves frente a la Bolsa de Nueva York. (Foto: AFP)
Le preguntamos por el multimillonario plan de rescate que pagarán entre todos y sonríe... "Mientras sirva para darnos trabajo, me parece bien lo que hagan", asegura Carlos bajo la mirada de su supervisor, con ese pañuelo patriótico -a juego con el pórtico- que se pone en la cabeza para protegerse del polvo. "Llevo aquí doce años y tengo una hija de ocho que es americanita... Mis seis hermanos están también acá. Yo estoy legal, con un permiso de trabajo, y tengo que darle gracias a este país que nos ha permitido una vida mejor".

Es la hora del pitillo en Wall Street. Los corredores de bolsa se toman un respiro de media mañana. Algunos posan sonrientes con los turistas en las escalinatas del Federal Hall, bajo la mirada circunspecta de George Washington, que parece olerse lo que se cuece. "Hemos empezado mal la mañana", admite Philip Senton. "Se mastica el pesimismo: no sé si va a ser suficiente con el bailout". Se refiere a la fianza o el regalo de 700.000 millones de dólares que hoy se votará en Washington.

Se respira una extraña calma en los aledaños de la Bolsa. Las protestas se han trasladado algo más arriba, a Times Square, donde un puñado de ciudadanos circula entre las vallas, acorralados por la policía. Los manifestantes gritan "Jail them, not bail them!" ("¡Encarcelados, no les deis fianza!") y piden en pancartas: "¡Dinero para Main Street (la calle Mayor) y no para Wall Street!".

El grupo de incipiente resistencia se hace llamar Bail Out People Before Bankers (Fiad a la Gente antes que a los Banqueros), pero el tiempo apremia y parece que el banquete está servido ya Washington, a tiempo para celebración del Nuevo Año Judío que el martes se festeja en Nueva York. Sonará el shofar, el cuerno del carnero, y será una llamada "al arrepentimiento y la introspección, al balance de los actos y de las acciones realizada". Más de uno no dormirá tranquilo...

CARLOS FRESNEDA desde Nueva York
Publicado en el blog Cronicas desde EE.UU en El Mundo

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