25 de octubre de 2008

entrevista a Jeremy Rifkin


“El sueño americano ha caído por la avaricia y la autocomplacencia; hay que avanzar urgentemente hacia un nuevo modelo económico e industrial” “La triple crisis que vivimos ha creado la tormenta perfecta, pero se puede evitar el cataclismo avanzando hacia una nueva revolución industrial”

Profeta en Europa antes que en su propia tierra, Jeremy Rifkin considera que la globalización ha tocado techo con la crisis financiera. el economista que mas ha hecho por las energías renovables ondea estos días con fuerza la bandera de la tercera revolución industrial, entre las ruinas del sueño americano y en vísperas de unas elecciones que tienen en vilo al planeta.


Carlos Fresneda
Enviado especial (Greenville/Connecticut)


OCUPACION: Presidente de la Fundación de Tendencias Económicas (FOET). Profesor en la Wharton School de la Universidad de Pensilvania. FORMACION: Master en Dirección de Empresas en Wharton y en Relaciones Internacionales en la Fletcher School (Tufts). EDAD: 63 años AFICIONES: la naturaleza y los animales. CREDO: la tercera revolución industrial SUEÑO: Devolver algo al planeta, vivir en una granja rodeado de animales.

SU MUNDO:
“Dejar de comer carne es una de las mayores contribuciones personales para hacer frente al cambio climático”
“El consumo de carne es la segunda mayor contribución del hombre al cambio climático”
‘El consumo de carne es insostenible y contribuye al hambre y al calentamiento global”

Jeremy Rifkin viste como un perfecto economista y habla (a chorros) como uno de esos profesores cuya voz se queda grabada en el subsconsciente del alumno atónito, que lucha por no perder el hilo de un discurso (“¿me sigues?”) cuajado de ideas más o menos revolucionarias, cifras irrebatibles, chispazos del futuro y lecciones de historia.
Vegetariano por convicción. Amante de los animales y de la naturaleza. Autor de una veintena de libros, de “Entropía” a “La economía del hidrógeno”. Experto en tantos temas que poco o nada tienen que ver con su confesable pasión: “Yo creo en el mercado; si no, no estaría dando clases en Wharton, el Master de dirección de empresas número uno del mundo”.

En sus ratos libres, que son pocos, pasea y piensa. Y se diría que hasta en sueños rumia los últimos detalles de la Tercera Revolución Industrial, el caballo de batalla con el que irrumpió hace un años en la Unión Europea y con el que ha seducido, entre otros, a la canciller alemana Angela Merkel y al presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero.

A sus 63 años, tras encarrilar Europa en el tren de las renovables, Rifkin hace parada y fonda en su propio país, convocando a decenas de directores ejecutivos (a pesar de la crisis) y labrando en vísperas de las elecciones presidenciales y esperando tal vez la llamada proverbial al encuentro de directores ejecutivos A su veintena de libros –desde “Entropía” a “La economía del hidrógeno”- se unen sus clases magistrales en el Master de Dirección de Empresas a los directores ejecutivos en la Alterna.PREGUNTA: ?Come usted carne?
RESPUESTA: Soy vegetariano desde hace casi treinta años. Ocasionalmente tomo algún producto lácteo, pero llevo mucho tiempo sin probar un filete... En 1991 escribí un libro, “Beyond Beef”, advirtiendo ya de los efectos ambientales del consumo de carne.

P: ¿Por qué ningún Gobierno se atreve a hincarle el diente a la carne?
R: Sigue siendo un tema tabú. Cada vez que estoy en una reunión con líderes mundiales les pregunto ¿Saben ustedes cuál es la segunda contribución del hombre al calentamiento global? Y entonces insisto: la producción y el consumo de carne. La primera causa son los edificios, por las emisiones derivadas de la energía. La tercera es el transporte. Entre una y otra está la carne.

P: ¿Cómo hacer visible el impacto ecológico del filete diario?
R: En la Tierra tenemos 1.300 millones de vacas que requieren el 30% de la superficie cultivable. Si vinieran los extraterrestres pensarían que son la especie dominante del planeta... Si el terreno que dedicamos a la ganadería lo dedicáramos al cultivo para el alimento humano, acabaríamos probablemente con el hambre. El ganado ocupa una gran superficie y es una de las grandes causas de la deforestación; también es responsable de emisiones de metano, que es 22 veces más potente que el CO2 como gas invernadero, y de dióxido de nitrógeno, que es aún más poderoso. El consumo de carne es insostenible y contribuye en gran medida al calentamiento global; es una escándalo que nadie hable de ello... Los hombres no somos ni herbívoros ni carnívoros: somos omnívoros, y por tanto podemos elegir el modo en que comemos. Reducir o suprimir el consumo de carne es una de las mayores contribuciones personales para hacer frente al cambio climático.

P: ¿De qué otro modo contribuye usted en su vida personal?
R: Tengo el mismo coche desde hace ocho años y lo uso muy poco, apenas 35.000 kilómetros en todo este tiempo. Lo que más me pesa son los viajes en avión a Europa, pero hay que estar allí si uno quiere realmente ser efectivo y contribuir.

P: ¿Nunca pensó en mudarse a Europa?
R: Mi mujer intentó convencerme para alquilar un piso en París, pero de momento seguimos en Washington, aunque durante un tiempo nos fuimos al campo en Virginia. Nuestro sueño es es ése: vivir en una granja. A los dos nos encanta la naturaleza y los animales.

P: ¿Para cuándo el próximo libro?
R: Para el 2010, después de la cumbre del cambio climático en Conpenhague. Llevo seis años trabajando en él. Tratará sobre el cambio que necesitamos dar en nuestra conciencia para poner en marcha la tercera revolución industrial.

LA CUESTION

PREGUNTA: ?Estamos asistiendo al fin del sueño americano?
RESPUESTA: Lo que hemos visto estos días ha sido efectivamente el colapso del sueño americano. No sólo han caído las instituciones financieras, ha caído el sueño basado en la fe ciega en el mercado, la creencia de que si cada uno persigue su riqueza individual el mercado se encargará del resto... El sueño ha muerto por exceso de riesgo, autoindulgencia, ingenuidad y avaricia. A los norteamericanos nos gusta seguir pensando que somos el mejor país del mundo, que todos se miran a nuestro espejo. Pero lo cierto es que el sueño americano empezó a romperse en los años sesenta. Entonces éramos el país más igualitario del mundo, con una sólida clase media, una fuerte sociedad civil y un buen mercado, equilibrándose entre ellos. Empezando con la Revolución Reagan, y después Bush, y después Clinton, y después más Bush, todos avanzaron hacia la desregulación del mercado y nos llevaron de cabeza a esta situación. La diferencia entre ricos y pobres es abismal y la clase media se ha debilitado tremendamente. Ahora somos el número 24 en el ranking de la OCDE de los países menos igualitarios; vamos por el camino de México y Rusia. Necesitamos un Gobierno responsable (capital público), una sociedad civil vigorosa y un mercado fuerte (capital privado). Estas son las tres piedras angulares de la economía de cualquier país. Si dejamos una de las tres fuera de la ecuación, el sistema se desmorona.

Fkin, P: Usted lleva años anticipando el advenimiento de la Tercera Revolución Industrial ¿Hasta qué punto la crisis del sistema financiero y la recesión en la hemos entrado puede retrasar los planes?
R: Estamos viviendo tres crisis simultáneas que pueden crear el escenario de una tormenta perfecta. Estamos sentados al borde del abismo y existe el riesgo real de un cataclismo global. Pero no quiero pecar de alarmista, porque las grandes crisis son también momentos de gran oportunidad... Las tres crisis a las que me refiero son la financiera, la de la energía y el cambio climático. En estos momentos se alimentan entre ellas y están creando lo que yo llamo la partida final de la segunda revolución industrial. Estamos en el ocaso del viejo régimen de la energía, comandado por el carbón y por el petróleo (y también por el uranio). Estas son las energías que movieron la primera y la segunda revolución industrial y el proceso de globalización en los últimos 150 años. Los ocasos duran su tiempo, y vamos a estar aún en la zona crepuscular de estas energías por algunas décadas. Pero por primera vez está claro que los problemas que causan los combustibles fósiles superan los beneficios.

P: Muchos piensan que la primera víctima de la crisis van a ser precisamente la lucha contra el cambio climático...
R: Yo no lo veo así. Yo creo que en los momentos de adversidad emergen las grandes oportunidades para el cambio. Ocurrió después del crack del 29 con el New Deal, y puede volver a ocurrir ahora, a escala global y con la total implicación de los gobiernos, de los empresarios y de la sociedad civil. Lo que está claro es que necesitamos un nuevo relato económico: la globalización ha tocado techo y hay que reinventala desde abajo. ¿Cómo? Democratizando la energía como ha ocurrido con la comunicación. Esa es la base de la Tercera Revolución Industrial. La tecnología está avanzando muy rápido, ahora sólo falta la voluntad política y económica para trazar una nueva hoja de ruta para el siglo XXI.

P: ¿Y de dónde va a salir el dinero?
R: Hay dinero, no nos engañemos. Si hemos podido encontrar tres billones de dólares para la guerra de Irak y otros tres billones para rescatar a las instituciones financieras ¿qué menos que destinar otros tres billones de dólares a salvar el clima y la biosfera, y procurar un futuro sostenible para futuras generaciones?

P: ¿Y qué le parece la respuesta de la Administración Bush a la crisis financiera?
R: La crisis crediticia ha estado gestándose desde hace 18 años: la deuda acumulada es de billones y billones de dólares, así que poco se va a tapar dándoles 700.000 millones a los banco... Salimos de la recesión de los ochenta endeudándonos hasta el cuello, principalmente con tarjetas de crédito y luego también con la hipotecas que no podíamos pagar. Las economías de China, India y otros países crecieron sobre los hombros de nuestros consumidores. Y ahora estamos pagando el auténtico coste. ¿Me sigues? En 1990 teníamos aún uno ahorros familiar del 8%; desde el años 2006 tenemos ingresos negativos. Los ahorros han desaparecido. Gastamos más de lo que producimos. Y la deuda del Gobierno ha crecido al mismo tiempo masivamente: en los años ochenta era un 21% del PIB en los años 80, ahora es un 116% hoy en día... La deuda nos puede.

P: ¿Y qué cabe esperar para los próximos meses?
R: La crisis crediticia va a actuar como un tsunami. Las instituciones financeiras y los mecanismos de crédito están tan interconectados, que no va a haber escapatoria, ni en Europa ni en Asia.

P: Al menos la crisis energética parece que está remitiendo...
R: Los precios del petróleo han caído momentáneamente por la contracción de la demanda, no nos engañemos. Volverán a subir, y volveremos a estrellarnos una y otra vez contra el muro de los casi 150 dólares por barril, como ocurrió el verano pasado. Fue en ese momento cuando alcanzamos lo que yo llamo “nivel máximo de globalización”. Se acabó el petróleo barato, que es el que nos permitía manufacturar los productos a 8.000 millas de aquí.

P: ¿La palabra globalización no le incomoda?
R: En todos mis libros he sido crítico con el tipo de globalización que se ha puesto en marcha. Pienso que en estos momentos hace falta una “reglobalización”, de abajo hacia arriba. Pero yo creo en el mercado; de lo contrario no estaría dando clase en Wharton, la la escuela económica más reconocida del mundo. Pero creo también en la capacidad del Gobierno de velar por el interés publico y creo sobre todo en la sociedad civil. Mi padre, que era un pequeño empresario, me dio la clave. “Jeremy, tienes que dar un poco para poder conseguir un poco...”, me dijo. De él aprendí la ley de la reciprocidad y de la empatía. Al fin y al cabo, el mercado es el punto de encuentro. Los hombres somos seres sociales, buscamos por naturaleza el intercambio y la compañía.

P: Volvamos sobre la tercera crisis, ésa que siguen poniendo en duda muchos políticos en su propio país...
R: Yo ya hablaba del cambio climático en un libro que escribí en los años ochenta, “Entropía”. Europa ha sido bastante más sensible a mi mensaje, y ésa ha sido la principal razón por la que decidí trabajar gran parte del tiempo allá en los últimos cinco años. Por lo que respecta a mi país, no sé qué más pruebas necesitamos. Las pérdidas causadas en dos años por cuatro devastadores huracanes –Katrina, Rita, Gustav e Ike- superan los 250.000 millones de dólares. Las previsiones del Panel Intergubernamental de la ONU se están anticipando, y es posible que muy pronto veamos desaparecer por completo el casquete polar del Artico en verano. James Hansen, el máximo experto en clima de la NASA, advierte que si llegamos a una concentración de 450 partículas por millón de CO2 la temperatura puede aumentar hasta seis grados centígrados de media. Sería el fin de la civilización tal y como la conocemos.

P: El escritor John Howard Kunstler, en su libro “La larga emergencia”, vaticina que estamos entrando un período de crisis permanente en el que primará la supervivencia...
R: La humanidad no se ha visto nunca en una encrucijada como éste, es cierto. Pero es también el momento de hacerse la gran pregunta: ¿Hacia dónde vamos? Lo que necesitamos es una poderosa y nueva visión económica, unas nuevas reglas de juego para hacer frente a las tres grandes crisis al mismo tiempo.

P: ¿Y cuál es el plan?
R: Las grandes revoluciones económicas de la historia –y han habido pocas- suceden cuando se reorganiza la energía y la forma de comunicarse. La escritura surgió como una necesidad de organizar la agricultura, hace unos 10.000 años. En la primera revolución industrial, entre 1830 y 1880, convergieron la máquina de vapor, el carbón y la imprenta, que hasta entonces sólo servía para imprimir Biblias. La segunda revolución industrial, de 1920 a 1970, funcionó impulsada al mismo tiempo por el petróleo, la electricidad y el teléfono. Estamos ahora en los albores de la tercera revolución industrial, con una herramienta como internet que ha democratizado el mundo de las comunicaciones. El viejo régimen energético no nos sirve: hay que democratizar también las autopistas de la energía, dar el auténtico poder al pueblo.

P: Cuando habla usted del “intergrid” como el internet de la energía algunos le acusan de estar creando escenarios de ciencia ficción...
R: La realidad está más cerca de lo que parece, y en menos de 25 años habrá millones de edificios generando su propia energía solar, eólica, geotérmica y biomasa. La energía va a poder producirla cualquiera y en cualquier lugar, y vamos a estar conectados con redes que nos permitan compartir esa energía. Todo esto lo anticipé en “La economía del hidrógeno” y la tecnología ha avanzado mucho desde entonces, sobre todo en lo que se refiere a las redes de distribución de energía y a sistemas de almacenaje. Muchas compañías están dando ya los primeros pasos, pero hace falta una gran inversión, y es ahí donde entra en juego la voluntad de los Gobiernos. Dos estados norteamericanos, Oregón y Nevada, y dos regiones españolas, Aragón y Navarra, están trazando el futuro. La Unión Europea ha abrazado el concepto de la Tercera Revolución Industrial. La canciller alemana Angela Merkel, a la que asesoro desde hace tiempo, está convencida de que ése es el camino. El primer ministro Zapatero me confió un día: “Jeremy, España perdió la primera y la segunda revolución industrial. Quiero asegurarme de que ganamos en la tercera”.

P: ¿Qué le recomienda a Zapatero cuando hablan de energía nuclear?
R: No se puede crear una globalización sostenible con tecnología de la segunda revolución industrial... Las 443 plantas nucleares que funcionan hoy en el mundo producen apenas el 5% de la energía. Muchas de ellas son realmente viejas y necesitarían reemplazarse en los próximos 25 años. Para tener un impacto real en la lucha contra el cambio climático (para llegar, digamos, al 20% de las renovables) harían falta construir 4.000 plantas nucleares, y eso teniendo en cuenta que en el 2035 puede existir ya un déficit de uranio. Podemos hacer lo de los franceses: reciclar uranio en plutonio ¿Pero queremos cientos de plantas funcionando con plutonio en la era del terrorismo? Seguimos sin resolver además el gravísimo problema de los residuos radiactivos. Y un último argumento en contra, para el caso de España: no hay agua suficiente. Las centrales nucleares necesitan grandísimas cantidades de agua para la refrigeración de los reactores.

P: ¿Y cómo ve a Zapatero en mitad de la crisis?
R: Creo que Zapatero es un buen líder, pero está en una posición difícil, todos los países lo están. Como otros líderes, va a tener que subirse las mangas, dejar a un lado las diferencias políticas y sentar en la misma mesa a los empresarios y a la sociedad civil para trazar un plan económico. España es líder mundial en energías renovables, tiene a empresarios visionarios como Entrecanales y unas tremendas posibilidades, pero necesita urgentemente un plan. Y hablo de tres a seis meses como máximo. En momentos de crisis, uno puede dedicarse a apagar fuegos todos los días o a intentar ver más allá de la espesura.

P: ¿Con Obama o McCain no se habla?
R: No he tenido ningún contacto con las dos campañas, aunque el asesor de energía y medio ambiente de Obama, Daniel Kammen, ha formado parte de nuestro equipo en Europa... Esta semana hemos mantenido el primer encuentro con 60 altos directivos de compañías norteamericanas interesadas en sumarse a la tercera revolución industrial. El interés económico suele venir antes que el interés político.

P: ¿Qué le parecen los programas energéticos de los dos candidatos?
R: Con McCain sería imposible avanzar hacia la tercera revolución industrial. Antes de ser candidato, parecía que se estaba moviendo en la dirección adecuada. Ahora su lema es “perforar, perforar, perforar”. Obama tiene el instinto adecuado, parece que está interesado en el concepto, pero aún no ha entrado en el juego de la tercera revolución industrial. Como líder, me parece que tiene “lo que hay que tener”, pero aún no ha sido puesto a prueba.

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