16 de junio de 2008

Gervasio Sánchez, fotógrafo por la Paz

Lo de abajo me llega por una cadena de amistad que tiene mi correo en su lista de queridos amigos, no suelo prestar mucha atención a estos envíos, a veces vienen de buenos amigos y se que me pierdo ratos de sorpresa, de risa o de impacto emocional del bueno.

Lo que abajo esta lo dice todo sobre algo que me ocupa y preocupa, al igual que el fotógrafo, un servidor habla de las minas que rompen vidas en los lugares donde se va a recoger leña, intento visualizar la explosión, el crujido, hablo de que nuestro país un día las vendió, de que hay igual 2000 millones de humanos perdedores, que utilizan una leña que ya no esta en muchos sitios, para cocinar lo poco que comen. Lo suelo hacer en la charlas sobre la cocina solar como herramienta pedagógica aquí y como mínima pero importante ayuda allá donde se puede evitar algo el riesgo de que una mina rompa una vida y entristezca las cercanas.

Es como para el autor fotógrafo una demanda, y a el ya lo admiro por haber actuado con toda su fuerza y llegado con sus palabras de activista social a denunciar sin cortarse el sucio mercado del armamento hecho aquí y a criticar directamente la hipocresía de sus cómplices. Se dirigió a políticos sensibles con remedio e insensibles sin remedio, a personas que pueden decidir que el sueño de un mundo en Paz, simplemente avance un poco, con el trabajo de todos.

Gracias Gervasio

Manolo V

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Discurso pronunciado por Gervasio Sánchez (periodista y fotógrafo) durante la entrega de los premios Ortega y Gasset este 7 de mayo, por su trabajo “Vidas minadas” y su foto “Sofía y Alia”, con la que retrata (y denuncia) el uso de minas antipersona.
En el acto estaban presentes la vicepresidenta del gobierno, varias ministras y ministros, ex ministros del partido popular, la presidenta de la comunidad de Madrid, el alcalde de Madrid, el presidente del senado y centenares de personas.


Señoras y señores, aunque sólo tengo un hijo natural, Diego Sánchez, puedo decir que como Martín Luther King, el gran soñador afroamericano asesinado hace 40 años, también tengo otros cuatro hijos víctimas de las minas antipersonas: la mozambiqueña Sofia Elface Fumo, a la que ustedes han conocido junto a su hija Alia en la imagen premiada, que concentra todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas, el camboyano Sokheurm Man, el bosnio Adis Smajic y la pequeña colombiana Mónica Paola Ojeda, que se quedó ciega tras ser víctima de una explosión a los ocho años.

Sí, son mis cuatro hijos adoptivos a los que he visto al borde de la muerte, he visto llorar, gritar de dolor, crecer, enamorarse, tener hijos, llegar a la universidad.
Les aseguro que no hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad.

Es verdad que la guerra funde nuestras mentes y nos roba los sueños, como se dice en la película Cuentos de la luna pálida de Kenji Mizoguchi.

Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el nuestro
, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de la minas y al desminado.

Es verdad que todos los gobiernos españoles desde el inicio de la transición encabezados por los presidentes Adolfo Suarez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas.
Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabriquemos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas.

Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo y que me avergüenzo de mis representantes políticos.

Pero como Martin Luther King me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.

Muchas gracias.