25 de abril de 2008

soñando Nuevo México - La otra Amércia IV


Foto: Isaac Hernández

La Tierra es la madre, el agua es la sangre»... Miguel Santistevan habla un castellano ancestral, de cuando llegaron a Nuevo México los conquistadores con los caltecas, allá por 1598, y empezó ese mestizaje que aún perdura, en los surcos de la piel y en los poros sedientos del desierto, recorrido por los brazales, las 'sangrías' y las acequias.

Estamos en La Española, a medio camino entre Santa Fe y Taos, en tierras entrañablemente cercanas por la aridez y por las resonancias... «El agua es la vida y aquí la veneramos como el maná del cielo», afirma Miguel Santistevan, azadón en mano, a la vera de la acequia madre de Santa Cruz.
Miguel conoce las 'venas' de Nuevo México como si
fueran las de su propio brazo. Lleva la mitad de sus 37 años recorriéndolas, velando para que mantengan el rumor y el caudal, defendiendo el «repartimiento» y la «querencia» de los parciantes frente a los abusos del urbanismo salvaje y los campos de golf.

Hasta en eso se nos parece el paisaje de Nuevo México. En un territorio algo mayor que media España, partido en dos por el Río Grande y apenas poblado por dos millones de habitantes, la mancha de ladrillo y asfalto está mordiendo a la tierra y al adobe. «La herencia milenaria de los indios y los españoles que crearon los canales de irrigación está bajo amenaza», advierte Miguel. «Como reza el dicho, el agua corre hacia arriba cuando hay dinero por medio».
«¡El agua no se vende, el agua se defiende!» es uno de los lemas de los parciantes, hermanados por un sistema cooperativo que ha sobrevivido a sequías y hambrunas.
Pero el cambio climático ha hecho estragos en la última década, y Santistevan teme que «la avaricia y la ceguera» acaben drenando el fluido vital y condenando al estado a la sed permanente.

Nuevo México es suelo fértil para las ensoñaciones, pero no para las cosechas. De sueños también se vive, y en eso están la Asociación de las Acequias, y Amigos Bravos (velando por los cauces, y Tierra Lucero (uniendo a los agricultores ecológicos), y la Asociación de Agricultores Tradicionales Nativos (protegiendo las semillas), y New Energy Economy (impulsando la conversión a las renovables). Bajo el paraguas de Dreaming New Mexico, más de medio centenar de grupos ha unido fuerzas para soñar con un Estado mejor.
«Sin un sueño al que aspirar peligra el futuro», asevera Kenny Ausubel, fundador de los Bioneros, que han echado raíces en la lejana Lami y desde allí dibujan el mapa imaginario. Con la ayuda de Google, esa visión futurista sostenible se ha hecho realidad desde el cielo, y hacia ella avanzan.

Uno de los primeros pasos ha sido la Declaración de la Soberanía de las Semillas, firmada en Alcalde por decenas de agricultores «resistentes al sistema de industrialización de los alimentos que corrompe nuestra salud, nuestra libertad y nuestra cultura». Entre los impulsores de la declaración está Clayton Brascoupé, un indio 'mohawk' que cambió los bosques del noreste por los bancales del río Tesuque, donde cultiva maíz, judías, guisantes y verduras orgánicas.
«Casi todo es para nuestra subsistencia», asegura. «Los indios trabajamos para poder comer y luego tenemos otro empleo para pagarnos los gastos».
Clayton Brascoupé nos abre las puertas de su casa de adobe en el pueblo polvoriento de Tesuque para enseñarnos sus más preciados tesoros: mazorcas de maíz negro, azul, rojo, blanco, multicolor... «Son las semillas que nos dejaron como legado nuestros ancestros, y para nosotros tienen un contenido espiritual».

Brascoupé lleva las riendas de la Asociación Americana de Agricultores Nativos y Tradicionales. Hace 17 años, preocupados por el impacto de la alimentación industrial y la cultura de los casinos, los granjeros indígenas unieron fuerzas y ahora cuentan con gran presencia en mercados locales.

«Los alimentos sanos son sagrados para nosotros», añade Brascoupé. «Nada atenta más contra nuestros principios que el maíz transgénico. Creemos que una semilla saludable hará a la gente saludable». Su sueño es la creación de una red de «bibliotecas de semillas» donde se preserve la herencia agrícola de los pueblos.

En territorio de los Navajo, al sur del Estado, los médicos Lucy Boulanger y John Fogarty pudieron palpar otro de los efectos descarnados del progreso. «Allí son bien visibles los efectos de las energías sucias», asegura Fogarty. «Es el lugar con mayor índice de enfermedades respiratorias del país». Tras siete años de trabajo, Boulanger y Fogarty decidieron crear New Energy Economy e impulsar la conversión de la reserva a las energías eólica y solar. «El paisaje está cambiando a pasos agigantados: los navajo han descubierto que hay un modo mucho más limpio de invertir en su propio futuro». Y también rentable, en un lugar con 300 días al año de puro sol


LOS 'RÍOS Y PÁJAROS' DE ROBERTA
Salir al exterior. Las montañas de la Sangre de Cristo velan por el pasado y el presente de Arroyo Seco, un poblachón de apenas 1.000 almas, entre la madera y el adobe, con un pie en el valle y otro en el desierto. Doscientos años hace que echaron raíces aquí los hermanos Cristóbal y José Gregorio Martínez, que venían de Río Arriba. Y una década lleva Roberta Salazar agitando las alas de la asociación Ríos y Pájaros, invitando a los niños a que exploren el mundo natural, arrastrando a los visitantes hasta orillas del lago Williams, donde se reflejan los picos más altos e insospechados de Nuevo México. «Los niños de hoy en día apenas pasan tiempo a cielo abierto», se lamenta. «Incluso en un lugar como éste, donde el apego a la tierra ha perdurado durante siglos, se han perdido los lazos con el entorno. Si queremos un futuro saludable y sostenible, tenemos que ayudar a los más pequeños a conectar con la fuente primordial de la vida».
Roberta, 50 años, ejerció como bióloga hasta que sintió la llamada de la educación. Junto al ornitólogo Jim Travis y a un equipo de científicos y pedagogos fundó Rivers and Birds, con ese pájaro de la paz como emblema y un lema que lo dice todo: «Aventuras en el aprendizaje». Más de 2.000 niños en medio millar de escuelas aprenden en la actualidad con ellos.

Carlos Fresneda. El corresponsal de EL MUNDO en Estados Unidos sigue buscando a quienes proponen alternativas a la crisis ambiental del planeta. En su cuarta entrega, recala en Nuevo México, donde algunos pioneros exploran otro modo de vida

22 de abril de 2008

La última frontera - La otra América

La comunidad de pioneros de Ionia explora la vida natural y la alimentación equilibrada en la inmensidad de Alaska

Alaska resonará para siempre en tus sentidos y en tu memoria. Alaska te llevará a ese extremo en el que uno sólo puede fundirse o sucumbir ante la inmensidad de la naturaleza, ante los cielos sin límite, ante la vida en estado puro. Alaska es lo más cercano a otro planeta... o a la esencia misma de la Tierra.
Hace nueve años de aquel viaje al norte indómito y las sensaciones siguen ahí, prendidas en el fondo de la retina. La avioneta sobrevolando los fiordos y los glaciares de Kenai. El río rojo de salmones remontando la corriente junto a la carretera. Los alces, las águilas calvas, los osos pardos, el sol de medianoche. El otoño multicolor del parque de Denali en pleno agosto.

Alaska es también el recuerdo de un puñado de familias emboscadas en la taiga de Kasilof. Llegaron allá como tantos otros, hace 20 años, buscando la última frontera. Querían demostrar que es posible vivir de otra manera. Le pusieron a la comunidad un nombre de ecos helénicos, Ionia, y decidiron usar como guía los principios de la macrobiótica (en griego «gran vida»).
«Todos fuimos alumnos de Michio Kushi en Boston», recuerda Bill Johnson, 60 años, uno de los pioneros. «Intentamos recuperar los principios básicos y simples de la vida. Llevar una alimentación equilibrada, basada en granos integrales y en verduras, no fue más que el principio. Pensamos en cuál sería el entorno ideal para nuestros hijos, y acabamos en California, después en el estado de Washington... y finalmente en Alaska».

Pasaron por la destartalada Anchorage, antes de descender a la península de Kenai. Encontraron un suelo hostil para la agricultura, tardaron lo suyo en tomarle la medida al clima extremo. Pero aprendieron sobre la marcha. Los niños crecieron y ahora son una familia extendida de más de medio centenar, repartidos por nueve caserones más la Long House, la casa común, donde discurre la vida en los largos, oscuros y nevados inviernos.

«Digamos que nuestro producto son los niños crecidos orgánicamente», presumen Barry, Cathy Creighton y Eliza Eller, otros de los fundadores de Ionia. «Y si tenemos una meta, es dar a nuestros hijos una oferta que no puedan rechazar... Nuestra esperanza es conservar el planeta, pero no podremos hacerlo mientras no cambiemos nuestro estilo de vida. En algún sitio hay que empezar».

A David Creighton, 32 años, crecido en de Boston, le llevó un tiempo adaptarse a la vida silvestre de Alaska. Su infancia son recuerdos de mucha carpintería, horas en la huerta y en la cocina y lecciones de mecánica, hasta que descubrió su pasión por la informática. Para los más de 30 hijos de la segunda generación de Ionia, la escuela ha estado siempre en casa.

«A los niños no se les excluye del mundo de los adultos: crecemos con ellos y tenemos siempre voz cuando surgen problemas», se explica David. «Celebramos asambleas todas la mañan copiosa de vegetales en los cuatro invernaderos, la recogida de algas en Elephant Rock y las incomparables bayas de la isla de Seldovia. El cambio climático está estirando las temporadas, aunque también aviva los fuegos y funde los glaciares que se ven a lo lejos desde la playa de Kasilof.

Hubo un tiempo en que Ionia vivía lejos del mundo, pero las nuevas generaciones han salido a explorar y han tendido puentes con otros lugares del planeta, de Japón a Croacia. Emily y Katherine Johson, 21 y 17 años, tienen la certeza de que por muchos lugares que sigan descubriendo «volveremos siempre a Alaska y veremos crecer allí a nuestros hijos, porque vivir como vivimos -y comiendo como comemos- te cambia por completo la percepción del mundo y descubres que todo en este planeta está conectado».as y hemos perfeccionado la democracia. No se toma niguna decisión si no es por consenso. Cuando decidimos algo, toda la comunidad se vuelca».
Los jóvenes no dejan de bombear ideas sobre cómo financiar Ionia, y así han logrado un millón de dólares de subvención para construir el granero, el siguiente gran paso hacia la autosuficiencia. «El estado siempre ha sido generoso con la gente que quiere intentar algo diferente», admite David. «Esa es la razón por la que la gente viene a Alaska».

La cuestión alimenticia ha sido siempre básica. Con el tiempo han logrado cultivar trigo, cebada y avena, más la cosecha copiosa de vegetales en los cuatro invernaderos, la recogida de algas en Elephant Rock y las incomparables bayas de la isla de Seldovia. El cambio climático está estirando las temporadas, aunque también aviva los fuegos y funde los glaciares que se ven a lo lejos desde la playa de Kasilof.

Hubo un tiempo en que Ionia vivía lejos del mundo, pero las nuevas generaciones han salido a explorar y han tendido puentes con otros lugares del planeta, de Japón a Croacia. Emily y Katherine Johson, 21 y 17 años, tienen la certeza de que por muchos lugares que sigan descubriendo «volveremos siempre a Alaska y veremos crecer allí a nuestros hijos, porque vivir como vivimos -y comiendo como comemos- te cambia por completo la percepción del mundo y descubres que todo en este planeta está conectado».


LLAMADA DE LA NATURALEZA

Desde Kasilof, Alaska. A sus 22 años, nada más licenciarse en la Universidad de Emory, Chris McCandless renunció a su vida acomodada en la típica familia de clase media, donó todo sus ahorros a una ONG y se lanzó con su mochila a la busca del horizonte infinito del oeste americano. Su peregrinación salvaje culminó dos años después en Alaska, en un autobús abandonado a la sombra del imponente monte McKinley, donde murió tras ingerir por accidente una planta venenosa. El autor Jon Krakauer reconstruyó paso a paso el viaje interior del joven en un apasionante relato, 'Into the wild', que conecta con esa profunda y latente rebeldía contra la civilización que todos llevamos de alguna manera dentro. Sean Penn quedó tan fascinado con el libro que durante cinco años no pensó en otra cosa: viajar a Alaska y llevarlo al cine. 'Hacia rutas salvajes ('estrenada en España el 25 de enero) transmite ahora la misma sensación en poderosas imágenes que inyectan el veneno de Alaska en los pulmones. Emile Hirsch da vida al malogrado Chris McCandless y, aunque desde el principio sabemos el amargo final, nos sumergimos con él en esa geografía temeraria, de los cañones de Arizona a los hielos de Denali, de Jack London a Thoreau. «Alaska es la naturaleza con esteroides», asegura Sean Penn. Jon Krakauer, escalador consumado, admite haber descubierto allí una sensación superior a la de las más altas cumbres. Chris McCandless, alucinado o héroe, encontró en Alaska su razón primera y última, y así lo dejó escrito en su diario: «He renacido. Este es mi amanecer. La vida real empieza ahora...». /

CARLOS FRESNEDA | CORRESPONSAL EN NUEVA YORK

La rueda, ese gran invento tan ecológico


Publicado en Natura 24 de El Mundo · 04/2008

Aprovecho para presentar a mi segunda bicicleta, una Phanter Polaris, equipada con el rotor que mejora la eficiencia del pedaleo, y que aparco en vertical colgada de un gancho en la galería de mi piso. La utilizo para realizar un trayecto especial de 120 kilómetros dos veces al mes. De ellos, 95 son en tren 'slow' y el resto a dos ruedas sobre una bella máquina montada en Alemania por Pantherbike y adquirida en Espai Bici para el placer viajero del cicloturismo. Ese turismo a velocidad tranquila por caminos y rutas tan diversas como cada uno de los 'tourcicloperadores' que las diseñan.

El cuentakilómetros que le coloqué lo uso para medir la intensidad ecológica de mi desplazamiento, y lo recomiendo: no hay nada como cortar el aire a 25 kilómetros por hora casi sin esfuerzo, oteando el paisaje y disfrutándolo con alegría, siendo consciente de que no contribuyes con emisiones de gases de efecto invernadero.

Para los bici-viajeros, el Ayuntamiento de Burgos dedica cada año unas jornadas. Este mes de abril, cada viernes, en el teatro Clunia, un invitado contará su experiencia pedaleando por esos mundos. Más información en el teléfono 947 288 800.

La bicicleta ofrece todo tipo de servicios, hasta los educativos. Por ejemplo, siempre me he preguntado cómo habría sido de buena mi educación científica si hubiese tenido la suerte de aprender física con una bicicleta encima de la mesa del profesor. Eso es lo que hizo un profesor valenciano, José Sánchez Real, que un buen día entró en el aula cargado con una bicicleta y comenzó con ella toda la asignatura. 'La física de la bicicleta' se publicó en 1978 y una revisión ampliada junto a otros valores ambientales están a disposición en una monografía de la Fundación Tierra, editada en catalán y accesible aquí.

Continuando con mi movilidad sostenible, una reciente adquisición ha sido la maleta/mochila con ruedas. Unir la rueda con la maleta no ha ocurrido hasta hace poco, reflejo de lo que cuesta aplicar lo inteligente a lo cotidiano. Otra de las inversiones del año en casa ha sido un supercarro plegable PlayMarket para hacer la compra local. Y los carros de la compra sí que llevan años con ruedas. Con el carro y la maleta me ha aplicado a la tarea de transportar con comodidad hasta 15 kilos de carga entre trenes, autobuses y calles del barrio. Y antes que se me olvide, aunque cojo el coche poco, aprender a conducir de forma eficiente ha sido la mejor inversión de mi vida automovilística, hasta un 15% de ahorro de combustible por moverme más tranquilo, económico, seguro, 'limpio' y alegre. Más información en el blog yo cambio .

Un enlace rápido para saber más sobre esa maquina verde con ruedas, la bicicleta, está disponible aquí.

Enlace al complemento informativo de este artículo

El suplemento Natura 24, un regalo de información ambiental. Aqui en pdf.

EL ECOLOGISTA EN CASA
QUIÉN: Manolo Vílchez es colaborador de la Fundación Tierra y facilitador ecológico. Su interés es reducir el impacto ambiental cotidiano. Consejos: En este artículo defiende el uso del transporte público y de la bicicleta para los desplazamientos urbanos y recomienda practicar una conducción eficiente si se tiene que usar el coche

21 de abril de 2008

Cómo evitar la 'calentura' de Washington - La otra América VI


Un proyecto ciudadano llamado Cool Capital moviliza a la población para reducir las emisiones de CO2 y darle una lección a la inoperante Casa Blanca

Corre un viento polar por el río Potomac, pero Steve Coleman calienta motores en bicicleta a los pies del obelisco, camino del Capitolio y finalmente ante la mismísima Casa Blanca. Parada y fonda... «Nuestro objetivo es enfriar Washington, y el Congreso ha tomado nota, y también varias agencias del Gobierno, pero el presidente no se da por enterado: habrá que esperar al próximo inquilino».
El medio es el mensaje, y aunque no es viernes (el día en que los vecinos siguen el 'bike Friday'), Coleman va predicando con el ejemplo a golpe de pedal. Hace un año que lanzó el proyecto Cool Capital, para reducir las emisiones de CO2 en la capital en 450.000 toneladas el primer año. O el equivalente a retirar 80.000 coches de las calles. Y el doble el año siguiente.

Aún están en el 27% del objetivo, pero la bola de nieve crece y todas la semanas van sumando empresas, instituciones, universidades, colegios, iglesias y vecinos que se comprometen a seguir una estricta dieta de carbono por aquello de poner su grano de arena en la lucha contra la calentura global.
La idea surgió durante un cónclave en la embajada verde de Washington, esa flamante mansión amarilla y neorrenacentista donde anidan desde hace años una larga decena de grupos ecologistas y de derechos civiles. Ofició el encuentro Lara Hansen, experta en cambio climático del WWF, y de ahí emergió como un poderoso iceberg la consigna: «Enfriar la Capital».

«Tú debes ser el cambio que quieres ver en el mundo», recalca Steve Coleman, 47 años, padrino de Cool Capital. «El principio de Gandhi es más urgente y necesario hoy que en ningún momento de la historia... Ha llegado el momento de hacer pequeños sacrificios con los que todos saldremos ganando. Podremos vivir mejor, pero sólo si actuamos ahora».

Coleman incita a su medio millón de vecinos a sumarse al reto de enfriar la capital, empezando por los pequeños gestos y generando sobre la marcha una cadena de cambios que acabarán calando en la clase política por contagio natural. «Es el poder que tenemos por el hecho de vivir en Washington», explica Coleman. «Los políticos no pueden ignorar el mensaje que les estamos haciendo llegar los ciudadanos. Ya hay más de 680 ciudades que han suscrito los acuerdos de Kioto, y Cool Capital puede convertirse ahora en el modelo de acción: todas las soluciones son locales».
Multinacionales como Dupont o los hoteles Marriott, los monstruos burocráticos del Departamento de Estado o el de Agricultura, los campus de la American University y Georgetown, la catedral de Washington... La lista de abonados al enfriamiento de la capital crece y crece, y también la necesidad de verificar hasta qué punto se cumplen los compromisos. «De momento, son los propios participantes en el reto quienes aportan la información de su reducción de emisiones», admite Coleman, «pero esto debería ser comprobable con auditorias de eficiencia energética».

Se buscan: decenas de 'carbon busters,' o cazadores de carbono, dispuestos a explicar a sus vecinos cómo aplicar el cuento del cambio climático en la vida cotidiana... «El primer gran consejo es simplemente desconectar, apagar lo que no se esté utilizando. La segunda es conectar, en el sentido humano de la palabra: convencer a tu vecino, crear comunidad. La tercera es consigna es 'cool now' (enfriar ahora), no aplazar ni un solo día las decisiones porque no hay tiempo que perder».

Steve Coleman recuerda cómo la embajada verde (que albergó en tiempos al personal diplomático de Brasil y de Hungría) era una ruina cuando la recuperó el colectivo Parks & People. Curtida en Bogotá, María Carolina Pulido es ahora el brazo derecho de Steve Coleman para la comunidad hispana. Su idea distante y fría de Washington ha cambiado radicalmente desde que llegó al pueblo o la capital -según se mire- hace tan sólo unos meses: «Comprendí que es una de las ciudades más verdes del continente, y descubrí el trabajo de decenas de norteamericanos muy involucrados, deseando ser parte del cambio. Creo que es un modelo que podemos sin duda replicar en todo el planeta».

«QUERIDO PRESIDENTE»
Washington. «Querido candidato a presidente, el debate se ha acabado. Miles de científicos de todo el mundo admiten que el planeta se está calentando y que la dependencia humana de los combustibles fósiles es la primera causa. Todavía hay tiempo hacer frente al reto, pero Estados Unidos requiere el liderazgo necesario para poder hacerlo»...
La carta la han firmado ya más de 100.000 norteamericanos, reunidos bajo el paraguas de 'Heatison.org', la campaña que está haciendo llegar a todos los candidatos el mensaje apremiante: el calor está encima. Los activistas del cambio climático agitan sus pancartas en todos los mítines y la web está que arde, pero lo cierto es que los presidenciables no han cogido aún la onda y dejan la cuestión palpitante para el tiempo de descuento. Pese a todas las señales de alarma de los últimos meses, el calentamiento gobal figura como el número 21 en lista de «prioridades» de los votantes republicanos y el 17 en la de los demócratas, de ahí la cautela de los aspirantes, comparable con la que exhibió Al Gore hace ocho años.
Barack Obama habla de crear un Foro Global de las Energías Renovables, mientras Hillary Clinton propone un nuevo Proyecto Apollo para propulsar las energías limpias. Los dos se apuntan al objetivo de reducir en un 80% las emisiones a mitad de siglo, pero John McCain se conforma con el 65%.
El presidente Bush sigue mientras a lo suyo, aunque a la chita callando ya ha dado sus primeros pasos. El rancho de Crawford funciona en parte con energía geotérmica, y al tejado de la Casa Blanca han vuelto las placas solares térmicas para el agua caliente (Ronald Reagan las quitó en su día como represalia al primer impulso simbólico a la energía solar que dio Jimmy Carter).
La Liga de Votantes para la Conservación anticipa acciones sonoras para poner el tema sobre la sartén en noviembre de 2008. Para Steve Coleman, de Cool Capital, la mayor esperanza es la que puede ofrecer Obama: «¿Te imaginas que fuera capaz de usar la energía de la gente joven y canalizarla hacia la acción contra el cambio climático?».

Carlos Fresneda | Enviado especial a Washington - El Mundo

La 'gente de los árboles' de Los Ángeles - La otra América

Foto: Isaac Hernández
Sábado por la mañana en Chiquita Street. Más de 30 voluntarios descargan del camión las palas, los azadones, las estacas y demás aperos para la faena. Se respira un aire de celebración en torno a la siembra, con bebidas y tentempiés para cuando flaqueen las fuerzas. Diecinueve ginkgos y decenas de arbustos aguardan en sus macetones en plena acera. Los pájaros de la calle Chiquita revolotean ansiosos.

Rachel Malarich, con el jersey verde que le acredita como TreePeople (la «gente de los árboles»), orquesta la ceremonia al otro lado de las colinas de Hollywood, donde el fragor de las autopistas sucumbe ante la fronda del valle de San Fernando.
«Los ginkgos son un árbol originario de Asia, pero se adapta muy bien a nuestra tierra», explica Rachel. «En otoño, sus hojas con forma de abanico se volverán amarillas, y será un momento muy especial... Pero van a necesitar cinco años para agarrar, por eso requieren toda la atención y el cuidado de la comunidad».

Lisa Sotelo y Joe Vargas, plantadores consumados, asisten a Rachel en la demostración. Los voluntarios aprenden a calcular la profundidad ideal, a alimentar la tierra con compost y hongos, a clavar las estacas a la distancia apropiada del tronco... Al cabo de 15 minutos, con el primer ginkgo ya en la acera, los TreePeople hacen un círculo en torno al nuevo vecino, le ponen un nombre simbólico y entonan el ritual: «Los árboles necesitan a la gente, la gente necesita a los árboles... ¡Bienvenido Herbert!».

La ceremonia se repite cinco veces, todas las semanas, en la inmensa geografía de Los Ángeles. En los últimos 35 años, la tribu de los TreePeople (15.000 miembros, 2.000 voluntarios, 40 empleados a tiempo completo) ha plantado más de dos millones de árboles. Las magnolias y los rododendros, los ciclamores y las jacarandas, los plátanos falsos y los robles californianos han moteado de verde el enjambre de autopistas y le han quitado la boina humeante a la ciudad.

En la mancha urbana más dispersa del país, donde el coche es más imprescindible que el pan, los TreePeople han logrado embarcar a todas las fuerzas vivas en la reforestación. El propio alcalde, Antonio Villaraigosa, apadrina ahora una campaña para plantar un millón de árboles más, y el mérito es sin duda del grupo fundado en 1973 por Andy Lipkis.

«Los árboles son más que un ornamento para embellecer las calles», sostiene Lipkis. «Proporcionan oxígeno, limpian la atmósfera, refrigeran la ciudad, captan la lluvia y protegen de las inundaciones... Ahora, con la urgencia del cambio climático, son aliados indispensables para restaurar la ciudad con la ayuda de la naturaleza».
La raíz de TreePeople es el hermanamiento ser humano-árbol, y el tronco es sin duda «esa conexión entre la gente que quiere traer salud y comunidad a su vecindario». El ideal de Lipkis es el 'citizen' 'forester', algo así como el 'ciudadano' 'forestal', cuidador del ecosistema urbano, familiarizado con el terreno y con su comunidad.
El 'citizen' 'forester' de Chiquita Street es un vecino de origen francés, Bau St. Gal, que se ha traído a su hija de 10 años, Camille, a la siembra y al ritual. Más de seis meses tardó Bau en convencer a sus vecinos, recaudar el dinero y tramitar los permisos para plantar árboles en la acera y en un aparcamiento.

Los TreePeople le dieron todo el apoyo logístico y humano. «Plantar árboles es la mejor manera de crear comunidad», sostiene Lisa Sotelo, ayudada por media docena de niños, «la gente se pasa el día en el coche y no conoce a sus vecinos».
«Las siembras ponen la primera semilla, pero las comunidades extienden luego su campo, y la gente acaba uniéndose a grupos locales para limpiar las playas, para restaurar zonas pantanosas, para captar el agua de las lluvias», señala Rosa Garza-Mourino, nacida hace 47 años en México DF y afincada en Los Angeles. Rosa ejerce como profesora de Humanidades y Cambio Social en la Antioch University y lleva un año con los TreePeople.

Los Tree People quieren embarcar ahora en la reforestación urbana a la gente de San Fernando, San Pedro y otras zonas de Los Angeles mayoritariamente hispanas. «Intentamos llegar a ellos con pláticas en español», recalca Rosa, «les recordamos sus valores originarios, les insistimos en la idea de traer el bosque a las ciudades y les pedimos que participen en las siembras comunitarias, que así es como empezarán a sentirse más integrados en su nueva tierra».

EL REFORESTADOR URBANO
Ejemplo. A los 15 años, Andy Lipkis tuvo ya claro que lo suyo era plantar árboles. En 1973 fundó el grupo TreePeople, pionero del movimiento de la reforestación urbana que alcanzó su máxima expresión en la plantación de un millón de árboles en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984. Miles de 'ciudadanos' 'forestales' han seguido desde entonces sus pasos y han propagado las semillas en las grandes metrópolis norteamericanas.
Abrió brecha con un libro, 'El simple hecho de plantar un árbol', y ahora está a punto de publicar otro sobre la necesidad de pasar a reforestación urbana. El ejemplo de TreePeople, marcando la senda al Ayuntamiento de Los Angeles, se puede imitar en su opinión en todo el planeta: «Tenemos que demostrar a nuestros gobiernos que estamos preparados para cambiar nuestro estilo de vida y evitar el cambio climático».

Carlos Fresneda | Enviado especial (Los Ángeles) El Mundo

11 de abril de 2008

rodando más sostenible

En Natura se publica la columna dedicada a la rueda y sus aportaciones más ecológicas.
Para saber más y hacerse un conductor eficiente de automóviles "fábricas" de cambio climático, que conductores casi todos los somos en mayor o menor medida, recomiendo leer y aplicarse en los criterios básicos para conducir y ahorrar hasta el 15% de emisiones de CO2 y otros gases chungos y hacerse el master sobre el terreno, sólo cuando se coja el coche por necesidad claro, empapándose de todo lo que hay que saber y hacer en este excelente recurso divulgado por la Agencia Andaluza de la Energía. Descargate aquí el manual.

La conducción eficiente permite conseguir un ahorro medio de carburante y de emisiones de CO2 del 15%. En términos globales, un conductor que realiza unos 15.000 km anuales ahorrará 158 litros de combustible y alrededor de 200 euros al año, pero sobre todo una importante carga para acelerar el cambio climático.
Sigue estos consejos y ¡ponlos en marcha!

Consejos para una conducción eficiente:
1. Arranca el motor sin pisar el acelerador.
2. Lleva siempre que puedas una marcha larga.
3. Usa la primera lo menos posible.
4. Evita frenazos y acelerones. Conducción uniforme.
5. No bajes las pendientes en punto muerto.
6. Reduce lo más tarde que puedas, aprovecha la inercia.
7. Para el motor si estás más de 1 minuto detenido/a.
8. Si no aceleras, a más de 20 km/h y con una marcha metida, no consumes nada.
9. Mantén la distancia de seguridad, evitarás frenazos.
10. La temperatura ideal interior es de 23-24º. Conduce con las ventanillas subidas.

Elementos que incrementan el consumo del coche
1. Baca portaequipajes cargada u otros accesorios exteriores: hasta 35%.
2. Utilización de aire acondicionado: hasta 25%.
3. Circulación con las ventanillas totalmente bajadas 5%.
4. 100 kg de peso suplementario 5%.
5. Falta de presión de 0,3 bares en los neumáticos 3%.

y como en la columna no cogio todo, aquí una parte complementaria. Estoy contento con mis zapatillas para caminar cómodo New Balance made in England y sigo intentando ligar en bici con la técnica de la veronica... Y como mi bici grande para grandes momentos de vida ecológica en movimento va equipada con Rotor, conoceló aquí, en el web de Rotor.

...Ahora le quito el pedale y me quedo con el ando, para seguir presentando mi particular equipo de movilidad más sostenible.
Un reciente adquisición ha sido la maleta/mochila con ruedas. Un buen amigo dice que mira que hemos tardao en unir dos partes que facilitan moverse de forma cómoda con nuestros cargamentos. Unir la rueda con la maleta no ha ocurrido hasta hace poco, reflejo de lo que cuesta de aplicar lo inteligente a lo cotidiano, aunque eso si, una de las inversiones del año en casa ha sido un supercarro plegable PlayMarket para la compra local y estos si que ya llevan años con ruedas. Con el carro y la maleta me ha aplicado en la comodidad de transportarme con igual 15 kilos de carga entre trenes, autobuses y calles del barrio, caminando alegre sin emisiones. Por cierto que lo hago con otra adquisición reciente, la renovación de las zapatillas de deporte. Me he pillao unas New Balance que además me dejan tranquilo el alma consumidora, están hechas en Reino Unido con todas las garantías sociales y ambientales. Aquí la información sobre un producto mejor hecho. Y antes que se me olvide, aunque cojo el coche poco, aprender a conducir de forma eficiente ha sido la mejor inversión de mi vida automovilística, hasta un 15% de ahorro de combustible por moverme más tranquilo, económico, seguro y alegre.

Y acabo con algo pendiente, la técnica de la Verónica, que me enseño el biciartista Oscar Patsi, para ligar yendo en bicicleta, (más abajo una de sus memorables obras gráficas). Se localiza el objetivo, se acelera el pedaleo pasando a su lado, sin mirar. Inmediatamente y en cuanto sea posible se rodea a este dando un giro de 360 grados a sus alrededor e igual, sin mirar se continua hasta la primera parada. Se mira al objetivo y si se ha conseguido seducirlo con la arriesgada maniobra, es el momento de caminando juntos con las bicis ir a celebrar las ventajas de la movilidad más limpia y sostenible, y de lo que pueda surgir, claro.




además de enseñar a biciligar, Oscar relata sus mundos, menudo lujo el poderlos conocer es para mí no te pierdas esto, que enlaza a su creación literaria.

bueno, y para que puedas conocer mi bici, la plegable, aquí y si te apetece la tienes a la vista.

felices pedaleos por un mundo con mínimo carbono emitido a la Biosfera, por un mundo más seguro para la vida de los humanos y otros, que todavía no nos acompañan...

diseño para balcones de dulce independencia.

recuperamos una serie de artículos publicados en la revista VITAL sobre el proyecto Balcon Comestible que pusieron en marcha Julio Cantos, Lidia Carpio, Alvaro Altes (no te olvidaremos nunca) y Manolo Vilchez y donde colaboraron diseñadores gráficos del Estudio Mariscal y Jordi Alba. El objetivo fue practicar el arte de cultivar alimentos y experiencias en pequeños espacios urbanos, diseñar sistemas, probar propuestas, experimentar, ver lo que otros hacian, y evolucionar desde un entretenimiento activista. Durante varios años se fueron colocando artículos que trataban aspectos vinculantes con la idea ecobalconera, iran en este blog apareciendo periodicamente en formato pdf y con alta calidad por si alguien quiere hacer uso de ellos.



aquí puedes conocer consejos sobre como diseñar tu pequeño espacio de dulce y nutritiva autonomia. pdfs parte 1 y parte 2

conoce una campaña de activismo vegetal urbano que acaba de comenzar, Estevia por la Tierra, te va a gustar, es tremendamente dulce

un libro editado en catalán y a tu disposición es La despensa en la ciudad, El rebost en la ciutat, de Jordi Romero y editado por la Fundacion Tierra. Un viaje recopilatorio del diseño de espacio, tecnologias utiles y estimulos para la permacultura urbana, puedes informarte aquí y conseguirlo en pdf.

jugando en tiempos de cambio

hace ya unos años se publicó en la desaparecida revista VITAL una serie de artículos sobre juegos y juguetes preparados con materiales accesibles y reutilizados. La idea fue animar a jugar a los grandes y al mismo tiempo pequeños, de tamaño, ciudadanos.

las autoridades sanitarias cambiantes recomiendan en tiempos de cambios volver a jugar todo lo posible con los humanos cercanos, crear e innovar entretenimiento con el más mínino impacto de CO2, crear con la manos, soñar, invertir en tiempo para la buena vida, en relacionarnos de forma auténtica, enseñando a los no duchos el valor de la constancia, la paciencia y la destreza y viéndolos, los grandes aprender de ellos.

Taller para jugar todas/os parte 1 (pdf)

Taller para jugar todas/os parte 2 (pdf)

animate a jugar colega, y mucho